“Yo confío en el liderazgo de la gente de la ANFP y de Pablo Milad" dijo hace un poco más de un año Michael Clark sobre el presidente del fútbol chileno. Esto con respecto al cambio de camiseta tras el traspaso de Charles Aránguiz y la petición de que el histórico volante pudise ocupar la camiseta 20. Casi 15 meses más tarde ambos dirigente viven una lucha mediática que tensa las relaciones al interior de Quilín, con un conflicto en crecimiento.
El año 2025 fue el punto más álgido. En septiembre, Universidad de Chile pidió reprogramar la Supercopa ante Colo Colo para priorizar su participación internacional. La ANFP, bajo la firma de Milad, negó el cambio, argumentando que había “más de cien horas de anticipación” con el compromiso continental. Clark respondió furioso: “Me sorprende la tozudez” y amenazó con presentar juveniles si no se modificaba la fecha.
La tensión escaló aún más desde la progración del Clásico Universitario, programado solo 72 horas después de la semifinal de la U en la Sudamericana. Clark explotó pos derrota consumada: “A la ANFP le importa un comino la carga de los jugadores. Yo veo voluntad para reprogramar partidos a Colo Colo y a la Católica, pero cuando se trata de la U, no hay voluntad”. Aquella declaración transformó la molestia deportiva en acusación de persecución sistemática.
También en este 2025, Clark amplió su ofensiva contra la Comisión de Árbitros. Tras perder el Superclásico con Colo Colo en agosto, denunció que el juez Cristian Garay pitó “con miedo” y bajo amenaza de violencia, insinuando que el arbitraje estaba condicionado. “El resultado pasó por el arbitraje”, disparó, sumando un nuevo capítulo al relato de victimización del club frente al sistema.
El enfrentamiento también se ha jugado en el terreno de la retórica. Clark ha insistido en que Colo Colo recibe beneficios, incluso para partidos amistosos, mientras a la U se le niegan reprogramaciones internacionales. Esa narrativa, que apela a la rivalidad histórica, le ha permitido movilizar a la hinchada azul y enmarcarse como un defensor contra un “sistema injusto”.
Pero la disputa ya no es solo deportiva. Tras el Clásico Universitario, Clark apuntó directamente a Milad: “El próximo año hay elecciones y con estos señores no podemos seguir. Nos están llevando al fracaso total”. Así, el presidente azul dejó de hablar como dirigente de club y pasó a ser un actor político, decidido a condicionar el futuro de la ANFP.
La “guerra total” entre Clark y Milad ha dejado al descubierto tensiones estructurales: la presión de los contratos televisivos sobre la programación, la politización de las decisiones en Quilín y una creciente crisis de gobernanza. Mientras Clark busca instalar la idea de que la U compite “contra todo y contra todos”, la ANFP responde con comunicados burocráticos, intentando mostrarse como una institución seria frente al estilo incendiario de su principal opositor.