En un fin de semana cargado de controversia para la Asociación del Fútbol Argentino (AFA), Claudio “Chiqui” Tapia asistió a la final del Super Bowl LX en el Levi’s Stadium de Santa Clara, California, donde no solo presenció uno de los espectáculos deportivos más masivos del planeta, sino que también fue captado compartiendo con Gianni Infantino, presidente de la FIFA, y otras figuras influyentes del fútbol y del espectáculo internacional.
La participación de Tapia en el evento ocurre mientras en Argentina avanzan distintas investigaciones penales, auditorías administrativas y denuncias empresariales que ponen bajo lupa el núcleo financiero de la AFA, incluidos presuntos manejos irregulares de fondos, contratos y transferencias al exterior.
El dirigente argentino aprovechó su estancia en Estados Unidos para fotografiarse con Infantino, el secretario general de la FIFA y otros mandos de alto perfil del deporte global, un gesto que algunos analistas interpretan como un intento de mantener relevancia institucional en espacios de poder internacional pese a la presión local.
Este encuentro adquiere especial relevancia en el contexto de que Estados Unidos será sede, junto a México y Canadá, del próximo Mundial de Fútbol 2026 a mediados de este año, un evento que marcará un hito en la historia del fútbol por su formato ampliado y su alcance global.
En Argentina, la presencia de Tapia en el Super Bowl —y sus intercambios con líderes de la FIFA y otros actores globales— también genera debate: mientras algunos sectores del fútbol y la opinión pública valoran el posicionamiento internacional, otros critican la oportunidad del viaje frente a la situación judicial y administrativa que atraviesa la AFA.