En Universidad Católica la planificación dejó de ser una consigna y pasó a ser una política deportiva. El principal movimiento no está solo en el mercado de fichajes, sino en la decisión de blindar el proceso de Daniel Garnero asegurando continuidad. La UC renovó a Branco Ampuero, Gary Medel, Fernando Zampedri, Darío Melo, Eugenio Mena y Jhojan Valencia, seis nombres que explican liderazgo, experiencia, identidad y conocimiento del modelo. No hay reinicio: hay base.
La extensión de estos contratos entrega una señal interna potente. Zampedri sigue siendo el eje ofensivo y referencia del vestuario; Medel y Mena aportan jerarquía y lectura competitiva; Ampuero consolida una zaga que encontró estabilidad; Valencia sostiene el equilibrio en el mediocampo y Melo asegura respaldo en una posición sensible. Garnero no partirá de cero en 2026: partirá desde certezas.
Sobre esa estructura ya definida, Católica empieza a sumar piezas funcionales. Está prácticamente confirmado el arribo de Matías Palavecino, desde Coquimbo Unido, un volante con ritmo y capacidad para jugar en campo rival, y de Justo Giani, atacante de Aldosivi, pensado como variante ofensiva móvil y complementaria. A ellos se agregan en carpeta Bernardo Cerezo y Jimmy Martínez, desde Ñublense y Huachipato, reforzando la idea de un plantel más largo y competitivo.
El contraste con el resto del medio es inevitable. Colo Colo llega a 2026 sin certezas, con Fernando Ortiz cuestionado tras quedar fuera de toda competencia internacional y con un proyecto deportivo a los tumbos. Universidad de Chile, en tanto, ni siquiera logra destrabar su punto de partida, con la situación de Gustavo Álvarez aún sin resolver y sin refuerzos confirmados.
Católica, en cambio, avanza con tiempo y convicción. Renovó a sus pilares, respaldó a su entrenador y comenzó a construir profundidad sin urgencias. No es garantía de títulos, pero sí una ventaja estructural evidente: cuando los otros recién empiecen a ordenar el año, la UC ya estará trabajando sobre una base sólida y reconocible.