Iba para mejor jugador del torneo luego de marcar cinco goles en seis partidos. En la cancha había logrado más aplausos que compañeros tan destacados como Bono o Hakimi. El técnico Walid Regragui lo tenía de regalón. Y, como si fuera una obra perfecta, la final de la Copa Africana de Naciones le dio la oportunidad de anotar el gol del triunfo en los descuentos contra Senegal. Cobraron un penal tan dudoso a los 97 minutos, que el cuadro senegalés amenazó con retirarse del campo de juego y el partido estuvo detenido un cuarto de hora. Solo la voluntad y el liderazgo de Sadio Mané hizo que sus compañeros volvieran al campo de juego del Estadio Prince Moulay Abdellah de Rabat
Entonces Brahim Díaz, nacido en España de la cantera del Málaga y hoy buen valor del Real Madrid, se plantó frente al balón. Decidió pegarle a lo Panenka. Y, al contrario del delantero checo que en 1976 le dio el título de Europa a su país contra Alemania con la primera y fundacional picada, Díaz le pegó suavemente a las manos de Edouard Mendy. Quien parecía saber exactamente dónde remataría el jugador marroquí.
Tal vez el peor Panenka de la historia, por la importancia del partido, el minuto del cobro, la excesiva suavidad del disparo y el nulo engaño para el arquero rival. En esos momentos, Brahim Díaz se convirtió en el chivo expiatorio de la pesadilla marroquí que no gana el título de África hace más de cincuenta años. Mendy confesó que el azar lo ayudó: “Intenté mantenerme el mayor tiempo posible en mi posición. Él lo intentó, me sonrió la suerte”. En el alargue, Pape Gueye marcó para Senegal y la Copa Africana de Naciones se fue para los visitantes.
En España Brahim Díaz, de 26 años, en estos momentos está siendo objeto de todo tipo de burlas y ataques. No le perdonan que, habiendo nacido en Málaga, optara por jugar por la selección de Marruecos. El jugador del Real Madrid fue premiado con la Bota de Oro al goleador del torneo. Su cara parecía la de un hombre que recibe una sentencia de cárcel antes que un premio.