La selección dirigida por Didier Deschamps tuvo que convivir con una situación inédita en el torneo. Cuando ganaba por la mínima gracias a una anotación tempranera de Mbappé, el encuentro fue interrumpido por tormentas eléctricas sobre Filadelfia. La pausa se extendió por cerca de dos horas, transformándose en la primera gran suspensión climática de esta Copa del Mundo.
Pero ni la lluvia ni la espera lograron enfriar a la estrella francesa. Mbappé abrió la cuenta a los 14 minutos y, tras la reanudación, volvió a aparecer para aumentar las cifras luego de un error defensivo iraquí. Con esos tantos alcanzó los 16 goles mundialistas en su carrera, una cifra que lo sigue acercando a los máximos artilleros históricos de la competición.
Francia fue ampliamente superior durante gran parte del compromiso. Michael Olise y Ousmane Dembélé generaron constantes problemas por las bandas, mientras que Adrien Rabiot y Manu Koné controlaron el mediocampo. La sentencia llegó a los 66 minutos, cuando Dembélé culminó una gran acción colectiva para establecer el definitivo 3-0.
Irak, que disputa apenas su segunda Copa del Mundo, intentó competir con orden y entusiasmo, pero la diferencia de jerarquía fue demasiado evidente. Los asiáticos tuvieron algunos acercamientos aislados y mostraron valentía pese al marcador, aunque nunca lograron inquietar seriamente a una defensa francesa que volvió a responder con solvencia.
Para Francia, la victoria tiene un valor doble. Además de asegurar prácticamente su clasificación a la fase eliminatoria, confirma el excelente momento de un equipo que combina experiencia, profundidad de plantel y la inspiración permanente de Mbappé. A sus 27 años, el capitán francés sigue construyendo una carrera mundialista extraordinaria y, bajo la lluvia de Filadelfia, volvió a demostrar que es uno de los grandes protagonistas de esta Copa del Mundo.