rgentina sobrevivió. No hay otra forma de explicar una noche que estuvo muy cerca de transformarse en uno de los mayores papelones de su historia mundialista. La campeona del mundo necesitó 120 minutos, sufrió hasta el límite y terminó derrotando por 3-2 a Cabo Verde, una selección debutante que llegó a Miami con apenas un 4,6% de probabilidades de avanzar según los modelos previos al encuentro. La diferencia entre ambos, sin embargo, desapareció completamente sobre el césped del Hard Rock Stadium.
Y tuvo que aparecer Lionel Messi. Otra vez. El capitán abrió el marcador a los 29 minutos después de un gran balón largo de Lisandro Martínez. El '10' controló y definió con la precisión de siempre para alcanzar los 20 goles en Copas del Mundo y convertirse, además, en el máximo artillero del Mundial 2026 con siete tantos. Argentina parecía haber encontrado la llave para abrir un partido incómodo, pero nunca consiguió convertir esa ventaja en tranquilidad.
La Albiceleste tuvo la pelota, acumuló pases y se instaló durante largos pasajes en campo rival. Terminó con un 65% de posesión, 765 pases y 21 remates, pero detrás de esas cifras apareció un equipo lento, previsible y sorprendentemente vulnerable. Cabo Verde entendió que podía competir y, después del descanso, comenzó a soltarse. Primero avisó Deroy Duarte con un remate que obligó al Dibu Martínez y, a los 59 minutos, el propio mediocampista encontró el empate que cambió completamente el partido.
Argentina se desordenó. Perdió seguridad, dejó espacios y comenzó a jugar contra el reloj y contra sus propios nervios. Messi tuvo el segundo en un mano a mano, pero Vózinha respondió con una enorme atajada. El arquero caboverdiano se transformó en la figura de la noche y terminó realizando ocho intervenciones, varias de ellas ante el capitán argentino. Cabo Verde, mientras tanto, crecía con cada minuto y terminó los 90 reglamentarios instalado en campo de la campeona del mundo.
La imagen era difícil de creer. La Argentina que desde 2019 no perdía una eliminatoria directa en un gran torneo estaba siendo llevada a la prórroga por Cabo Verde. No por España, Francia, Brasil o Inglaterra. Por una selección debutante que había avanzado desde la fase de grupos con tres empates y que, sobre el papel, aparecía como uno de los rivales más accesibles de toda la ronda de dieciseisavos.
Lisandro Martínez pareció terminar con el sufrimiento a los 93 minutos. El defensor apareció completamente solo dentro del área y marcó el 2-1. Era el gol del alivio. El tanto que debía devolver el partido a la normalidad. Pero esta Argentina nunca estuvo normal en Miami. Diez minutos después, Sidny Lopes Cabral sacó un derechazo espectacular y clavó uno de los grandes goles del Mundial para establecer el 2-2. Cabo Verde volvía a golpear y el fantasma de los penales comenzaba a recorrer el Hard Rock Stadium.
Hasta que apareció Cuti Romero. A los 111 minutos, el defensor cabeceó y Cabral desvió para el autogol. El 3-2 y evitó una catástrofe deportiva para la campeona del mundo. Argentina terminó sobreviviendo a un partido que jamás imaginó jugar y avanzó a los octavos de final, pero la clasificación difícilmente podrá esconder todo lo que ocurrió durante dos horas en Miami.
La noche fue todavía más simbólica porque Lionel Scaloni cumplió exactamente 100 partidos como entrenador de Argentina. Llegaba al encuentro con 72 victorias, 18 empates, apenas nueve derrotas y cuatro títulos conquistados. El ciclo más exitoso de la historia reciente de la Albiceleste celebró su centenario con, probablemente, su peor actuación. Argentina nunca había parecido tan confundida, tan frágil y tan lejos de la identidad que la convirtió en campeona de América y del mundo.
Cabo Verde expuso cada una de sus falencias. La falta de velocidad para mover la pelota, los problemas para romper un bloque bajo, la fragilidad cuando pierde el control del encuentro y una dependencia cada vez más evidente de Messi. El capitán tiene 39 años, pero continúa siendo quien resuelve los problemas de una selección que, cuando el '10' no consigue hacerlo, parece quedarse rápidamente sin respuestas.
Argentina está en octavos. Eso es lo único concreto que puede rescatar de una noche para el olvido. Ahora viene Egipto, que eliminó a Australia desde los penales y que seguramente tomó nota de cada minuto de lo ocurrido en Miami. Hace unas horas, el cruce parecía un trámite para la campeona del mundo. Después de Cabo Verde, ya nadie puede decir lo mismo.
Messi y Argentina sobrevivieron al papelón. Pero el Mundial no perdona demasiadas noches como esta.