Argentina volvió a demostrar por qué es la campeona del mundo. No jugó un partido brillante, sufrió durante largos pasajes y quedó en desventaja cuando Anthony Gordon apareció en el segundo palo para marcar el 1-0. Sin embargo, cuando el partido entró en su tramo decisivo, la Albiceleste mostró la jerarquía que Inglaterra nunca encontró. El equipo de Lionel Scaloni ganó 2-1, remontó en los últimos minutos y se instaló en la final del Mundial.
El primer tiempo fue cerrado, trabado y dominado por la cautela. Inglaterra presionó con intensidad en el inicio, mientras Argentina intentó controlar el ritmo y evitar errores que pudieran dejar expuesta a su defensa. Hubo faltas, discusiones y muy poco fútbol cerca de las áreas. Enzo Fernández estuvo a punto de romper el partido con un remate desde casi 40 metros, pero el descanso llegó sin goles y con la sensación de que cualquier detalle podía definir la semifinal.
Ese detalle apareció a los 55 minutos. Tagliafico rechazó corto, Morgan Rogers envió el centro y Nahuel Molina perdió la referencia de Gordon, quien anticipó en el segundo palo y venció a Emiliano Martínez. El gol cambió por completo el escenario. Argentina se vio obligada a atacar e Inglaterra tomó una decisión que terminaría condenándola: retrocedió, renunció a la pelota y comenzó a defender cada vez más cerca de Jordan Pickford.
Scaloni reaccionó con los ingresos de Nico González, Rodrigo de Paul, Gonzalo Montiel, Nicolás Otamendi y Lautaro Martínez. Messi comenzó a recibir con mayor libertad sobre el sector derecho y Argentina convirtió el partido en un asedio. Pickford evitó el empate ante Nico González, Mac Allister estrelló un cabezazo en el palo y la defensa inglesa empezó a despejar sin ninguna posibilidad de salir. Inglaterra ya no estaba administrando una ventaja: estaba intentando sobrevivir.
El empate llegó a los 85 minutos. Messi recibió cerca del área, levantó la cabeza y entregó hacia el centro para Enzo Fernández, que sacó un remate potente y cruzado imposible para Pickford. El gol terminó de quebrar a Inglaterra. Los dirigidos por Thomas Tuchel, que habían tenido el partido bajo control, quedaron paralizados y continuaron metidos dentro de su propia área, incapaces de recuperar la pelota o de alejar el juego de su arco.
Argentina entendió que el rival estaba vencido antes del final y fue a buscarlo. Mac Allister volvió a rematar al palo y, apenas un minuto después, Messi apareció por la derecha para lanzar un centro preciso con su pierna menos hábil. Pickford calculó mal la salida y Lautaro Martínez cabeceó con el arco vacío para completar la remontada. No fue casualidad: mientras Inglaterra se hundía en el miedo, Argentina reconoció el momento y lo castigó.
Las estadísticas explicaron la diferencia. Argentina terminó con el 67% de la posesión, 15 remates contra cinco, seis córners y más del doble de pases que Inglaterra. Pero la victoria se explica también desde la personalidad. La Albiceleste estuvo abajo en una semifinal del Mundial y nunca dejó de creer. Inglaterra, en cambio, tuvo la final en sus manos y volvió a encerrarse en sus propios fantasmas. Argentina jugará ante España porque, cuando el partido exigió jerarquía, fue el único equipo que la tuvo.