Por ahora es solo una idea. Pero en Universidad de Chile hay señales claras de hacia dónde está mirando Azul Azul. La concesionaria lanzó una encuesta para perfilar a sus hinchas, medir su vínculo con el club y, en medio de ese diagnóstico, instalar una pregunta que no pasó desapercibida: si estarían dispuestos a realizar un aporte económico mensual para fortalecer al equipo.
No hay anuncio oficial, ni plan definido, ni calendario de implementación. Es, estrictamente, un sondeo. Una forma de medir terreno. Pero cuando una concesionaria empieza a preguntar cuánto está dispuesto a pagar el hincha —y bajo qué condiciones— el debate deja de ser hipotético y se instala de lleno en la realidad del club.
La encuesta no se queda en lo conceptual. Si el usuario responde que sí, inmediatamente se le consulta cuánto dinero podría aportar mensualmente. Es decir, no solo se mide la disposición, sino también la capacidad de pago. En paralelo, Azul Azul explora fórmulas de “membresía”, con beneficios asociados como descuentos, contenidos exclusivos y experiencias vinculadas al plantel.
El punto es el contexto. Porque esta idea aparece después de un período donde el costo de seguir a la U ha ido al alza. Entradas, abonos y consumo asociado al club han tenido ajustes que ya tensionan la relación con el hincha. En ese escenario, incluso plantear un nuevo aporte —aunque sea en fase de estudio— activa una alerta evidente.
Y ahí está el fondo del asunto. Más que la iniciativa en sí, lo que incomoda es la lógica: seguir profundizando un modelo donde el financiamiento del club descansa cada vez más en el fanático. Azul Azul no está implementando aún ningún cobro, pero sí está midiendo hasta dónde puede llegar. Y en un club de masas como la U, donde la fidelidad no está en duda, la pregunta que queda flotando es otra: si el problema es falta de recursos… o de gestión.
Porque una cosa es consultar. Y otra muy distinta es el mensaje que se transmite cuando, tras subir los costos de acceso, la siguiente jugada es preguntarle al hincha si puede —y quiere— pagar todavía más.