La decisión de la ANFP de avanzar en sistemas de videoarbitraje más económicos —como el VAR Light y fórmulas remotas con menor infraestructura— vuelve a instalar una pregunta incómoda en el fútbol chileno: por qué la Primera B sigue sin VAR si ya existía una promesa concreta para esta temporada. El punto es clave, porque el desarrollo tecnológico ya no aparece como una barrera real, sino como un argumento que pierde fuerza frente a los propios anuncios realizados desde Quilín.
En marzo de 2025, el presidente de la ANFP, Pablo Milad, confirmó públicamente que el Ascenso contaría con una versión simplificada del sistema. La propuesta apuntaba a un VAR Light, con menos cámaras, operación centralizada y costos reducidos, precisamente para hacerlo viable en una categoría con menores recursos. La proyección era clara: implementación durante la temporada 2026.
El escenario actual, sin embargo, muestra otra realidad. La Primera B ya está en marcha y lo hace nuevamente sin apoyo tecnológico, repitiendo un patrón que ha sido cuestionado por clubes, jugadores y entrenadores ante errores arbitrales que terminan incidiendo directamente en resultados y posiciones. La diferencia, esta vez, es que el compromiso previo está documentado y fue instalado por la propia dirigencia como una solución concreta.
En paralelo, la ANFP comienza a explorar modelos incluso más avanzados y eficientes, incluyendo sistemas remotos que reducen costos operativos y permiten centralizar decisiones arbitrales, lo que en la práctica confirma que existen alternativas viables para expandir el uso del VAR más allá de la Primera División. Este avance no hace más que tensionar el escenario del Ascenso, donde la ausencia del sistema ya no puede explicarse únicamente desde lo económico o lo técnico.
Las críticas desde la categoría han sido directas y sostenidas en el tiempo. Dirigentes han hablado derechamente de promesas incumplidas, mientras que desde el campo de juego la sensación es transversal: los árbitros necesitan apoyo en decisiones determinantes. A eso se suma un contexto donde cada error adquiere mayor impacto en torneos cortos y altamente competitivos, donde una jugada puede definir ascensos o descensos.
Así, la discusión cambia de eje. Durante años, la falta de VAR en la Primera B se justificó en los altos costos y la complejidad operativa del sistema tradicional. Hoy, con versiones más accesibles sobre la mesa y con un compromiso explícito previo, ese argumento pierde peso. La tecnología existe, los modelos están diseñados y la propia ANFP los está impulsando. La pregunta ya no es si se puede implementar VAR en la Primera B. La pregunta, a esta altura, es por qué aún no se ha hecho.