La novela El Gatopardo de Tomassi decía en un párrafo: "si queremos que todo siga como está, es necesario que todo cambie".
Mientras la International Board aprobaba una serie de medidas para que las competencias tengan una mayor dinámica de juego, la FIFA ya había anunciado que todos los partidos del Mundial 2026 tendrán una pausa obligatoria de 2 a 3 minutos, en el medio de cada tiempo para que los jugadores se hidraten. Es decir, el juego se verá interrumpido, como está ocurriendo en muchos partidos, cerca del minuto 22 o 23 de cada tiempo.
La medida ya resuelta no dependerá del clima, porque también se implementará en los estadios cerrados y con aire acondicionado. Es decir, una situación que en cierta medida se contrapone a las resueltas hace unos días como: Si hay jugadores sustituidos deben abandonar el campo dentro de los 10 segundos, o si su lesión provoca la interrupción del juego, deberá abandonar el terreno y permanecer fuera durante un minuto.
El tema de la hidratación hace rato ya resulta controversial, primero porque durante años se jugó sin esta medida y porque el deportista está, supuestamente, adaptado a esta circunstancia para afrontar el juego y el desgaste que este provoca en su físico. Dos a tres minutos de detención pueden ser fundamentales en la dinámica, ritmo y pretensiones que tengan los equipos y los entrenadores durante los partidos.
¿Qué busca esta detención tan exagerada?. Para muchos es solo un asunto comercial camuflado dentro del juego y que la verdad no se está pensando en la salud de los deportistas, salvo aquellos países que por naturaleza tienen un clima con calor extremo, pero la FIFA poco y nada ha hecho por la salud de los profesionales para analizar por ejemplo los partidos en altitud como; La Paz, Oruro o El Alto en Bolivia.
En Chile existe una norma incluso de no jugar en ciertos horarios durante el verano que puedan perjudicar la condición física de cada futbolista.
Así como ocurrió con la opción de los cinco cambios que se permitió para la época de la pandemia, esta instancia de detención obligada parece llegar y permanecer en el tiempo.
Independiente si la norma gusta o no, el punto es por qué no sincerarse en cuanto al fin último que esta busca.