España y Portugal regalaron un clásico ibérico cerrado, intenso y cargado de tensión, pero con un dominador mucho más claro. El equipo de Luis de la Fuente tuvo más pelota, más remates y más ocasiones, aunque durante largos pasajes chocó contra Diogo Costa, que sostuvo a los lusos con atajadas clave ante Lamine Yamal, Álex Baena y Dani Olmo.
Portugal, en cambio, vivió casi siempre lejos del arco rival. Cristiano Ronaldo tuvo una de las más claras antes del descanso, pero Unai Simón respondió con una gran intervención para mantener el cero. Fue una postal del partido: el histórico capitán portugués buscando una última noche grande y España resistiendo con autoridad.
El complemento mantuvo el mismo libreto. La Roja insistió, empujó y tuvo paciencia, mientras Roberto Martínez intentó cambiar el rumbo con Rafael Leão, Bernardo Silva, Diogo Dalot y Francisco Conceição. Nada alcanzó para sacudir a una Portugal que terminó demasiado dependiente de arrestos individuales.
Cuando todo parecía irse a la prórroga, apareció Mikel Merino. El volante ingresó desde el banco y en el minuto 91 encontró el balón que cambió la historia. Su gol desató la locura española y hundió a Portugal, que ya no tuvo tiempo ni claridad para reaccionar.
La eliminación golpea de lleno a Cristiano Ronaldo. A los 41 años, el comandante llegó a este Mundial con la ilusión de conquistar el único gran título que falta en su carrera, pero se va otra vez a manos de España, el mismo rival que lo dejó fuera en los octavos de final de Sudáfrica 2010.
España, en cambio, confirma que está para cosas grandes. Mantiene el arco invicto, supera una prueba de peso y se mete entre los ocho mejores del torneo. Para Cristiano, el Mundial se terminó. Y con él, probablemente, también se cerró el último capítulo mundialista de una leyenda.