La muerte de Diego Armando Maradona, el 25 de noviembre de 2020, sacudió al mundo. En Chile, como en tantos rincones del planeta, la noticia se vivió con una mezcla de incredulidad y nostalgia. Hoy, a cinco años de su partida, vale la pena mirar hacia atrás y repasar una relación tan rica como contradictoria, tejida entre estadios repletos, apariciones televisivas icónicas y controversias que quedaron en la memoria colectiva. Porque Chile no fue un país más en la vida del “Diez”: fue escenario de algunas de sus primeras conquistas, de sus últimos destellos y de momentos que mostraron, en distintas dimensiones, su inmenso magnetismo.
La primera visita de Maradona a Chile data de 1980, cuando con apenas 19 años llegó al Estadio Nacional como figura de Argentinos Juniors para enfrentar a Colo Colo. Aquel amistoso terminó con derrota para el equipo argentino, pero también con la revelación del talento sin filtros del joven Diego y víctima de una dura entrada de Leonel Herrera que lo mandó a la Posta Central. Fue un anticipo: el país ya había conocido a un futbolista distinto, capaz de cambiar el ritmo de un partido —y de atraer multitudes— incluso fuera de su territorio.
El reencuentro llegó en 1994, en un amistoso entre Chile y Argentina que terminó 3-3 ante más de 50 mil espectadores. Maradona, capitán albiceleste, compartió cancha con un debutante Marcelo Salas, quien anotó su primer gol por la Roja aquella noche. Casi un año después, regresó con Boca Juniors para enfrentar a Universidad de Chile en un partido de celebración del bicampeonato azul. Fue su gol de palomita, ese gesto técnico tan suyo, lo que quedó grabado en la memoria de los hinchas que llenaron el Nacional.
En 1997 viviría su única participación oficial en un torneo de clubes en Chile, en la Supercopa Sudamericana. Colo Colo venció 2-1 a Boca en el Monumental en un partido marcado por la presencia de un Maradona ya desgastado físicamente, sustituido en el entretiempo, pero igualmente ovacionado. Esa vez los albos ganaron 2-1 con goles de Marcelo Espina e Ivo Basay.
Y en 2006, ya retirado, vistió la camiseta de Universidad Católica en un homenaje organizado por el Sifup, recibiendo un aplauso cerrado de un San Carlos que vivió la que sería su última actuación formal en tierras chilenas. Su despedida futbolística ocurrió en 2008, cuando lideró una gira de showbol en Viña del Mar y Antofagasta que congregó a miles de fanáticos deseosos de ver, aunque fuera de cerca y en formato espectáculo, al astro eterno.
Pero la huella de Maradona en Chile no ocurrió solo dentro de la cancha. Durante los años 90, su presencia en la televisión marcó hitos culturales: desde su íntima conversación con Pedro Carcuro en De Pé a Pá hasta su recordada —y accidentada— visita a Viva el Lunes en 1997, donde bailó un tango con Cecilia Bolocco antes de sufrir una descompensación que obligó a trasladarlo a una clínica. Aquella noche, mezcla de idolatría, tensión y espectáculo, se convirtió en uno de los momentos más recordados de la televisión chilena. También hubo espacio para el humor: en 2002 participó en Aquí se pasa Mundial, donde compartió sketches con Peter Veneno, revelando su faceta más distendida.
Su relación con Chile también tuvo claroscuros. En 2015, en medio de críticas internas en Argentina, Maradona lanzó comentarios desafortunados sobre el rol chileno en la Guerra de las Malvinas, generando indignación transversal. Dos años después, tras el rechazo de ingreso a Chile del exboxeador Mike Tyson, volvió a tensionar la relación con duras palabras en redes sociales, que más tarde enmendó con disculpas al “pueblo chileno”. Sin embargo, no todo fueron polémicas: en esa misma etapa también se convirtió en uno de los primeros en reconocer públicamente a la Generación Dorada. En su programa De Zurda, elogió a Alexis Sánchez, Arturo Vidal y Gary Medel, afirmando que Chile era “candidato firme” para ganar la Copa América 2015.
Quizás el gesto más noble —y menos esperado— ocurrió en 2017, cuando tras la final perdida por Chile en la Confederaciones, Maradona bajó al césped en San Petersburgo para abrazar a los jugadores chilenos. La imagen de Diego consolando a Bravo, Medel y Vidal cruzó fronteras: un símbolo del respeto que, más allá de rivalidades o discusiones, sentía por el fútbol chileno.
A cinco años de su muerte, Chile recuerda a Maradona con la complejidad que siempre lo acompañó: genio incomparable, figura polémica, protagonista de episodios luminosos y otros tensos, capaz de lo sublime y lo inesperado. Pero sobre todo, se lo recuerda como un hombre que —cada vez que pisó suelo chileno— dejó una marca emocional profunda. Porque con Diego, incluso a miles de kilómetros de Buenos Aires, siempre fue imposible mirar para otro lado.