El calendario marcó este 12 de junio una fecha imposible de olvidar para Universidad de Chile. Se cumplen 30 años de la eliminación ante River Plate en las semifinales de la Copa Libertadores de 1996, una serie que para generaciones de hinchas azules sigue representando la mayor oportunidad perdida de alcanzar la gloria continental.
Aquella campaña fue construida sobre una base que mezclaba talento, personalidad y convicción. Con Miguel Ángel Russo en la banca y figuras como Sergio Vargas, Ronald Fuentes, Esteban Valencia, Marcelo Salas y Leonardo Rodríguez, la U fue creciendo hasta transformarse en uno de los equipos más temidos del continente.
Los azules dejaron en el camino a rivales de peso y llegaron a semifinales convencidos de que podían competir de igual a igual contra cualquiera. Incluso contra un River Plate que contaba con nombres como Enzo Francescoli, Ariel Ortega, Hernán Crespo, Juan Pablo Sorín y Matías Almeyda.
Treinta años después, Leonardo Rodríguez sigue mirando esa campaña con el mismo orgullo. El argentino, una de las grandes figuras de aquel equipo, sostiene que esa generación fue la mejor versión internacional que ha tenido el club.
“La U del 96 hizo la mejor Copa Libertadores de la historia del club. Jugó con equipos de verdad. Nosotros los superamos futbolísticamente a todos. Incluso, con River, le dimos un baile en Santiago, nos hicieron un gol de carambola”, recordó el exvolante.
La serie quedó marcada para siempre por la revancha disputada en Buenos Aires. Con el partido todavía abierto, Germán Burgos derribó a Esteban Valencia cuando el volante azul quedaba en posición inmejorable para convertir. El árbitro ecuatoriano Alfredo Rodas decidió no sancionar la falta y la jugada pasó a formar parte de los episodios más controvertidos en la historia de la Copa Libertadores. River terminaría imponiéndose y avanzando a la final.
Por eso no sorprende que, tres décadas después, Rodríguez mantenga intacta su sensación de injusticia. “Por eso siempre digo que tendríamos que haber ganado la Copa del 96. No voy a hablar de Rodas, porque fue uno de los robos más grandes de la historia de la Copa”, aseguró.
El sentimiento es compartido por buena parte de los integrantes de aquel plantel. Antes de su fallecimiento, Miguel Ángel Russo reconoció que esa eliminación fue el golpe deportivo más duro de toda su carrera. El técnico argentino confesó que ninguna derrota le dolió más que haber quedado a las puertas de la final con Universidad de Chile, convencido de que contaba con un equipo extraordinario y que quien superara aquella semifinal terminaría levantando el trofeo.
Treinta años después, el paso del tiempo no ha logrado cerrar la herida. Para los hinchas azules, aquella Copa Libertadores sigue representando mucho más que una campaña histórica. Es el recuerdo permanente de un equipo que sintió que podía ser campeón de América y de una noche que todavía duele como si hubiera ocurrido ayer.