Deportes Concepción volvió donde nunca dejó de sentirse parte. El “León de Collao” aseguró su ascenso a Primera División luego de derrotar 3-2 a Cobreloa en Calama, cerrando la final de la Liguilla de Ascenso 2025 con un global de 4-3. El desenlace fue acorde a la historia reciente del club: un gol de Nelson Sepúlveda en el minuto 96 selló la gesta, apenas días después de haber igualado 1-1 en la ida ante 29 mil personas en el Ester Roa Rebolledo. Dieciocho años después, Concepción vuelve a la serie de honor, categoría que no disputaba desde 2008.
El logro tuvo además un sello regional. Con la Universidad de Concepción campeona de la Primera B y el “León” ganador de la liguilla, el Biobío celebró un inédito doble ascenso a Primera para la temporada 2026. Pero detrás del festejo hay una historia mucho menos glamorosa: una que atraviesa deudas millonarias, corrupción dirigencial y una expulsión que marcó a una generación de hinchas.
La raíz del largo peregrinaje está en la crisis institucional que estalló entre 2015 y 2016 bajo la administración de la SADP Fuerza Garra y Corazón (FGyC). En septiembre de 2015, la concesionaria solicitó un préstamo por $251.200.000 a la empresa de factoring Factor Plus, garantizado con la cesión de los flujos futuros del CDF. La operación fue avalada mediante una carta firmada por Nibaldo Jaque, entonces secretario general de la ANFP y, a la vez, accionista de la propia SADP. El conflicto de interés era total.
Los números posteriores confirmaron el descalabro. Deloitte detectó que la concesionaria había recibido cerca de $960 millones en préstamos irregulares desde la ANFP, superando ampliamente el tope reglamentario de $50 millones anuales. En abril de 2016, con deudas que rondaban los tres millones de dólares y sueldos impagos, el Consejo de Presidentes votó la desafiliación de Deportes Concepción del fútbol profesional.
El Club Social cuestionó desde el primer día la medida, acusando que carecía de “toda justificación fáctica, jurídica y ética”. La polémica creció cuando se supo que la votación se realizó sin una auditoría forense completa. En mayo de 2017, la ANFP fue notificada judicialmente para responder por la deuda con Factor Plus, debiendo asumir el pago de los $251 millones más intereses, lo que terminó por confirmar la responsabilidad institucional de la Asociación en la operación que había gatillado la caída del club.
Expulsado del profesionalismo, Deportes Concepción tocó fondo. Pero ahí comenzó otra historia. En marzo de 2017, el Club Social y Deportivo Concepción asumió el control, adquiriendo el 85% de las acciones de la SADP con el respaldo del 99% de su asamblea. Dos años después, en diciembre de 2019, la base social consolidó una nueva estructura: una SADP controlada en un 100% por el propio CSD, un hecho inédito en el fútbol chileno moderno.
El camino deportivo fue tan duro como rápido. En 2017 el club reingresó al sistema ANFA desde la Tercera División B, la quinta categoría. En 2018 ascendió a Tercera A y en 2019 ganó la liguilla que le permitió volver al profesionalismo de la ANFP, apenas dos temporadas después de su caída. La hinchada fue el soporte clave: financió, acompañó y sostuvo a un club que sobrevivía gracias a su capital social cuando el institucional había sido pulverizado.
El retorno, sin embargo, no fue lineal. En 2020 Deportes Concepción volvió a competir en la Segunda División Profesional, pero perdió la categoría al año siguiente y regresó a la Tercera A. La experiencia confirmó un diagnóstico incómodo: el control social era moralmente sólido, pero insuficiente para sostenerse en el profesionalismo sin respaldo financiero estructural.
Ese punto de inflexión llegó en 2023, con el ingreso de Inversiones VICJO SpA como controlador mayoritario. La empresa, liderada por Víctor Rubio Úbeda, asumió el 86,16% de la propiedad con la promesa de un “proyecto integral y sostenible”, profesionalizando áreas y ampliando la estructura administrativa del club. El Club Social conservó un 11,39% de las acciones, manteniendo presencia institucional.
El nuevo equilibrio trajo resultados. En 2024, Concepción logró el ascenso a Primera B tras una definición agónica frente a Melipilla. Y en 2025, con una campaña sólida y una liguilla cargada de tensión, alcanzó el premio mayor ante Cobreloa. En la recta final, la conducción de Patricio Almendra, ex jugador histórico del club y parte del plantel que disputó la Copa Libertadores 2001, reforzó un relato identitario que conectó pasado y presente.
La convivencia, sin embargo, no está exenta de conflictos. La principal tensión se centra en los Campos Deportivos Ricardo Keller, en Nonguén, patrimonio histórico adquirido en 1972 con recursos obtenidos tras la venta de Osvaldo “Pata Bendita” Castro. El Club Social, custodio del recinto, ha sido claro: cualquier acuerdo con la SADP debe ser “justo, sostenible y aprobado por nuestra base social”. Hoy, las negociaciones siguen estancadas y el activo inmobiliario continúa siendo un punto sensible en la gobernanza del club.
El regreso a Primera División cierra un ciclo deportivo, pero abre otro desafío. La historia reciente dejó una lección clara: Deportes Concepción sobrevivió a la corrupción y a la desafiliación gracias a su gente, y ascendió gracias a una alianza —incómoda, pero efectiva— entre capital privado y capital social. En 2026, el reto será sostenerse en la élite sin repetir los errores del pasado.