Kylian Mbappé está convirtiendo la Copa del Mundo 2026 en una persecución histórica. Mientras Lionel Messi acapara los titulares tras convertirse en el máximo goleador de todos los tiempos en los Mundiales con 18 conquistas, el delantero francés avanza a una velocidad que amenaza con dejar ese registro obsoleto mucho antes de lo esperado.
El atacante del Real Madrid volvió a ser figura en la victoria de Francia sobre Irak al anotar un doblete que le permitió alcanzar los 16 goles en Copas del Mundo. La cifra ya es impresionante por sí sola, pero adquiere una dimensión todavía mayor cuando se revisa el detalle: Mbappé necesitó apenas 16 partidos para llegar a ese número. Exactamente un gol por encuentro en el torneo más importante del planeta.
La comparación con las otras leyendas de la competición ayuda a entender la magnitud del fenómeno. Miroslav Klose, quien sostuvo durante más de una década el récord histórico, alcanzó sus 16 goles en 24 partidos. Ronaldo Nazario llegó a 15 tantos en 19 encuentros. Messi, por su parte, necesitó seis Mundiales y 28 presentaciones para alcanzar los 18 goles que hoy lo tienen en la cima. Mbappé, en cambio, está igualado con Klose después de solo 16 apariciones mundialistas.
Su progresión ha sido simplemente devastadora. Debutó en Rusia 2018 con apenas 19 años, marcó cuatro goles y levantó la Copa del Mundo. Cuatro años más tarde explotó en Qatar 2022 con ocho anotaciones, incluida una actuación legendaria en la final contra Argentina, donde anotó un triplete que no alcanzó para evitar la derrota en los penales. Ahora, en la edición 2026, ya suma cuatro tantos en apenas dos partidos tras sus dobletes frente a Senegal e Irak.
Pero el dato que más inquieta a quienes celebran el récord de Messi es la edad del francés. Mientras el argentino está disputando probablemente su última Copa del Mundo a los 39 años, Mbappé tiene apenas 27. Incluso si no supera los 18 goles durante este torneo, todavía tendría por delante los Mundiales de 2030 y 2034 para ampliar una marca que podría transformarse en inalcanzable para las futuras generaciones.
La sensación es que el fútbol está asistiendo a un cambio de guardia estadístico. Messi acaba de conquistar una cima que parecía reservada para unos pocos elegidos, pero detrás suyo aparece un jugador que rompe todos los parámetros conocidos. No solo porque marca mucho, sino porque lo hace con una regularidad nunca antes vista en la historia de los Mundiales. Un gol por partido. Dieciséis goles en dieciséis encuentros. Una cifra brutal que explica por qué el récord del argentino, pese a ser histórico, ya está bajo amenaza.