Víctor Rivero habla desde un mérito deportivo incuestionable. Con un presupuesto reducido, con el mercado abierto tarde y con un plantel armado a contrarreloj, Deportes Limache no solo sobrevivió en Primera División: lo hizo una fecha antes del final y con una identidad reconocible. “Fuimos el último equipo en terminar de competir el año pasado y el último en salir al mercado”, recuerda el técnico. A eso se sumaron limitaciones de infraestructura, logística y una realidad estructural del torneo: “Generalmente los que pelean el descenso son los que juegan copas internacionales o recién ascendidos. Nosotros teníamos todo en contra”.
Pese a ello, el equipo compitió con bravura. Logró puntos clave frente a los grandes, corrigió errores a tiempo y potenció figuras que parecían destinadas a quedar fuera del radar del fútbol mayor. La más simbólica: Daniel Castro, protagonista de una de las mejores temporadas de su carrera. “Daniel tiene picardía, diagonales, definición… cosas de barrio. No hizo divisiones inferiores y te define un partido clave con un taco”, dice Rivero. “A nosotros esas virtudes no nos sorprenden: se las vimos en Tercera, en Segunda, en la B… solo había que potenciarlas”.
Ese modelo —reclutar desde el ascenso, desde el fútbol argentino federal, desde donde nadie mira— es parte del ADN que explica por qué Limache compite incluso sin el músculo financiero de sus rivales. “El 80% del plantel viene de Primera B, Segunda Profesional o categorías menores. En los momentos difíciles, esos jugadores compiten con más vergüenza deportiva, porque esta es la oportunidad que no les dieron en otros lados”, afirma. Es por eso que muchas veces el modelo de algunos equipos chilenos no cierra: "a veces los clubes prefieren nombres rimbombantes en vez de jugadores funcionales. Nosotros fuimos a buscar donde otros no van”.
En ese contexto, la discusión del Sub 21 adquiere otro peso. Limache, un club modesto, ha dado más minutos reales a juveniles que instituciones con presupuestos multimillonarios. Pero en la tabla oficial aparece por debajo. ¿Por qué? “En cancha tenemos más minutos que Colo Colo, pero en el papel aparecemos con menos porque ellos suman los minutos del Mundial Sub 20 y Sub 17”, explica. Esa distorsión, para Rivero, transforma una norma pensada para desarrollar talento en un simple trámite burocrático. “La regla se cumple en la letra, pero no en el espíritu. No le da continuidad a los jóvenes”.
Hoy, mientras Limache se prepara para la final de Copa Chile y sueña —increíblemente— con la Copa Libertadores, Rivero vuelve al principio: todo se construyó desde abajo, sin atajos. “Cuando tomamos este desafío, siempre apuntamos a competir internacionalmente algún día. No en dos años, claro… pero en el fútbol a veces lo imposible ocurre”. Por eso, su mensaje final apunta directo al corazón del sistema: si Chile quiere selecciones competitivas, debe mirar más a los jóvenes y menos a las hojas de cálculo. “Los minutos Sub 21 deben ser de verdad, en cancha. No basta con que aparezcan en un Excel”.