La historia de Eduardo Vargas y Universidad de Chile está a punto de escribir un nuevo capítulo. La confirmación de Francisco Meneghini como entrenador azul, esperada para las próximas horas, sería el último paso para oficializar el retorno de un jugador que marcó una era en el club y que hoy vuelve en un contexto radicalmente distinto.
Vargas jugó en Universidad de Chile entre 2010 y 2011, en el período más alto de la institución a nivel deportivo. En ese ciclo disputó 79 partidos oficiales, sumó 5.537 minutos, convirtió 31 goles y entregó 13 asistencias. Su nombre quedó grabado a fuego en 2011, cuando lideró a la U en la obtención de la Copa Sudamericana, el primer título continental del club. Fue el goleador del torneo con 11 goles, el jugador más determinante de una campaña perfecta y el rostro de un equipo que dominó Chile y Sudamérica. Ese rendimiento lo llevó al Napoli como el mayor fichaje en la historia del fútbol chileno hasta ese momento.
Catorce años después, el contexto es otro. El Vargas que asoma para volver no es el delantero arrollador de 2011, sino un atacante experimentado que viene de un 2025 dividido en dos etapas. El año comenzó en el fútbol uruguayo, donde disputó 12 partidos y 440 minutos, con 2 goles, y tuvo una participación discreta en la CONMEBOL Libertadores, con 4 partidos y 214 minutos, sin goles ni asistencias. Fue un primer semestre de bajo impacto, sin protagonismo en escenarios de alta exigencia.
Desde junio, ya en Audax Italiano, Vargas encontró mayor continuidad. En la Liga de Primera jugó 13 partidos (918 minutos), anotó 4 goles y aportó 2 asistencias, mientras que en Copa Chile sumó 1 gol en 2 partidos (180 minutos). El balance anual cerró con 31 partidos, 1.752 minutos, 7 goles y 2 asistencias, cifras correctas, estables, pero lejos del rol decisivo que alguna vez lo definió.
Ese contraste explica el debate que rodea su retorno. La U que evalúa traer de vuelta a Vargas no busca al goleador implacable de la Sudamericana 2011, sino a un jugador capaz de aportar experiencia, lectura de juego y presencia ofensiva en momentos puntuales. Su eventual contrato —por dos años y con un salario cercano a los $20 millones mensuales— refleja esa lógica: una apuesta controlada, más cercana al equilibrio que a la ilusión desbordada.
Si Meneghini confirma su llegada y da luz verde a la operación, la U apostará por unir pasado y presente en una decisión que mezcla memoria y pragmatismo. Vargas vuelve con una mochila pesada, cargada de historia. La incógnita ya no es lo que fue, sino qué puede ser hoy en un club que sigue buscando reencontrarse con su mejor versión.