El empate sin goles ante Everton no hizo más que confirmar una tendencia que ya preocupa en Universidad de Chile: el equipo genera, pero no concreta. Y en ese escenario, el foco apunta inevitablemente a Juan Martín Lucero. El argentino tuvo en sus pies la ocasión más clara del partido antes de salir a los 62 minutos, pero falló. Minutos después, Fernando Gago decidió sacarlo de la cancha para darle espacio al juvenil Vicente Ramírez. Un mensaje tan claro como duro: hoy, simplemente no está.
Porque lo de Lucero ya no es un mal partido. Es una constante. Llegó como agente libre desde Fortaleza, con un salario de figura —entre 60 y 110 mil dólares mensuales— y con la expectativa de ser el “9” que resolviera los problemas de gol. Pero su presente está muy lejos de ese cartel. No convierte, no marca diferencias y tampoco logra sostener protagonismo en el juego.
Los números de esta temporada lo exponen con crudeza: ocho partidos disputados, cero goles y apenas una asistencia. Para un delantero centro de su perfil, son cifras que no resisten análisis. Y peor aún, su influencia en el juego tampoco compensa esa falta de eficacia.
Pero hay un dato que ya se instaló con fuerza en el ambiente y que termina de dimensionar su momento: Juan Martín Lucero está a punto de cumplir un año sin convertir un gol oficial. Su última anotación se remonta al 10 de mayo de 2025, antes de llegar a la U. Desde entonces, la sequía es total. Un registro que, para cualquier delantero, es preocupante; pero que en su caso, por contexto y responsabilidad, se vuelve insostenible.
El problema no es solo individual, pero sí se explica desde ahí. Universidad de Chile reparte sus goles entre distintos nombres, sin un referente ofensivo claro, y en varios partidos directamente no convierte. En ese escenario, la ausencia de su “9” es estructural.
Lo de Everton, entonces, no fue una excepción. Fue la confirmación. Una ocasión clara desperdiciada, un delantero que no pesa y una sustitución que evidencia pérdida de confianza.
A esta altura, lo que debía ser una solución terminó transformándose en un problema. Y en el 2026 azul, el caso de Juan Martín Lucero empieza a quedar marcado como algo más que una mala racha: un fichaje que prometía gol y hoy solo suma dudas.