Foto: @UEoficial
El domingo, como ya ha sido tónica en el último tiempo, los hispanos se jugarán un partido de “mil” puntos ante Everton en Viña. Tal vez sean los últimos estertores para un club que ha hecho todo mal este año, dentro y fuera de la cancha y que vive de milagrosos espasmos de ilusión.
Con un presidente ausente y desaparecido en Europa pero amparado en la subordinación de funcionarios secundarios, era difícil que el cuadro de Santa Laura no pagara el precio del abandono. Cristian Rodríguez nunca dio en la tecla como gerente con los intereses del club. Su misión era la competitividad del equipo y mejorar la estructura de la Catedral, pero mucho de su foco se centró en arrendar el recinto para eventos que pudieran generar pingües ganancias para la SADP. Su cómplice en cancha, para peor, fue José Luis Sierra, que armó un equipo mal estructurado, pobre en figuras, sin peso y con pésimo desempeño. Ganó 2 y perdió 9. La agonía de ambos fue larga, por lo que su salida del club además fue tardía.
Se pensaba que con la llegada de un conocedor del puesto como Francisco Ceresuela (que estuvo en los 90’) y fue presidente entre el 2014- 16 la casa hispana se ordenaba. Nada de eso. El curicano nunca mostró una obra concreta destacada que lucir bajo su presencia. Prometió nueva iluminación en Santa Laura... Así como llegó, sin ruido, se fue.
Sabino Aguad, tras un tiempo de ostracismo, llegaba con el aval de su trabajo en la U y Palestino. Su apuesta para mejorar la situación, Miguel Ramírez, ex entrenador del colista del torneo, Iquique, y hasta ahora con una campaña casi idéntica a la de su antecesor. 4 triunfos y 8 derrotas pero con un nivel de tozudez delirante. Insistió por semanas con jugadores que no respondieron nunca. Fue factor en la salida del portero Torgnascioli, borró de las citaciones al canterano Masrri y Nuñez y tiene a un plantel en evidente división tras las declaraciones de Insaurralde en la derrota en El Salvador: “que hablen los que tienen que hablar”. En la desesperación directiva, bastante tardía, se cuenta que en Santa Laura se negoció hasta $200 millones en premios con el plantel esperando que llegue la respuesta en cancha. El partido del domingo para los hispanos no tiene precio, tiene vida.