La sanción de cuatro partidos aplicada a Javier Correa por sus críticas al árbitro Nicolás Gamboa no solo golpeó a Colo Colo en lo deportivo. También reabrió un debate que lleva años rondando el fútbol chileno: la aparente falta de uniformidad en los criterios disciplinarios de la ANFP.
El delantero argentino fue castigado luego de declarar que Gamboa "nos caga, nos manda al muere siempre" y que "tiene algo en contra de nosotros", acusaciones que el Tribunal consideró suficientemente graves para aplicar una dura suspensión. El castigo fue confirmado esta semana y dejará al goleador albo fuera de buena parte del inicio de la segunda rueda.
Sin embargo, la discusión rápidamente se trasladó desde las palabras de Correa hacia los antecedentes. Y es ahí donde aparecen episodios que muchos recuerdan como ejemplos de una jurisprudencia completamente distinta.
El caso más citado es el de Marcelo Díaz. Tras la definición del Campeonato Nacional 2024, el capitán de Universidad de Chile lanzó una de las acusaciones más fuertes que se recuerden contra el arbitraje chileno. "Hoy lo que sucedió en el Nacional, simplemente, a vista de todo el mundo, fue un robo", señaló públicamente luego de un polémico encuentro ante Everton. Pese a la gravedad de la declaración, posteriormente ofreció disculpas y no recibió sanción deportiva alguna.
Otro antecedente corresponde a Jorge Almirón. Luego de una derrota de Colo Colo frente a Universidad de Chile, el entonces entrenador albo cuestionó decisiones arbitrales e incluso deslizó la frase: "Los robos y penales no se evalúan". Tras pedir disculpas públicamente, el tema no escaló y nunca llegó a traducirse en un castigo efectivo.
También se recuerda el episodio protagonizado por Daniel Garnero. El entrenador de Universidad Católica ironizó sobre los árbitros señalando que eran "todos fisicoculturistas" y que, aunque conocían el reglamento de memoria, "erran un montón" en la esencia del juego. Sus declaraciones generaron repercusión, pero tampoco derivaron en una sanción disciplinaria.
Por eso, más allá de simpatías o colores, la discusión que hoy se instala apunta a la coherencia institucional. Pocos discuten que los protagonistas deben responder por sus palabras cuando cruzan ciertos límites. Lo que sí genera controversia es que situaciones similares parezcan recibir respuestas distintas dependiendo del contexto o del momento.
La autoridad disciplinaria fortalece su legitimidad cuando sus resoluciones son previsibles y consistentes. Cuando un futbolista acusa un "robo" y no recibe castigo, mientras otro es suspendido por cuatro fechas tras cuestionar a un árbitro, inevitablemente surge la sensación de que existen criterios cambiantes. Y en un fútbol chileno permanentemente cuestionado por sus arbitrajes y organismos de control, esa percepción termina siendo casi tan dañina como las declaraciones que buscan sancionarse.