Qué equipo más normalito es esta Universidad de Chile de Fernando Gago. Lejos de encontrar una identidad futbolística, de mostrar algún funcionamiento reconocible o de imponer la supuesta jerarquía de sus individualidades, los azules capitularon en Antofagasta ante un rival de Primera B que, con orden, convicción y una ráfaga de efectividad, dejó en evidencia las enormes limitaciones del conjunto universitario.
La ausencia de Charles Aránguiz volvió a desnudar uno de los mayores problemas de la U. Sin el volante, el equipo pierde peso, claridad y tránsito en la mitad de la cancha. La inclusión de Marcelo Díaz, lejos de sus jornadas más brillantes, tampoco ofrece las soluciones que necesita un mediocampo incapaz de establecer conexiones entre la recuperación y el ataque. El resultado es un conjunto liviano, predecible y sin profundidad.
Y aun con todas esas dificultades, Universidad de Chile debería ser bastante más que Deportes Antofagasta. Sin embargo, los dirigidos por Luis Marcoleta demostraron que no necesitan grandes nombres para competir. El cuadro nortino fue un equipo batallador, disciplinado y fiel a la propuesta de su entrenador, que supo neutralizar a los azules y golpear cuando encontró los espacios.
Después de un primer tiempo sin goles y con escasas emociones, los Pumas resolvieron el partido en apenas cinco minutos. A los 54', Bastián Tapia, defensor formado precisamente en Universidad de Chile, apareció tras un lanzamiento de esquina para abrir la cuenta de cabeza. Cuatro minutos más tarde, José Bández aprovechó una habilitación de Brayan Hurtado para establecer el 2-0 y desatar la celebración en el estadio Calvo y Bascuñán.
La reacción azul fue prácticamente inexistente. Ni desde el funcionamiento colectivo ni desde las individualidades aparecieron respuestas capaces de modificar el desarrollo del encuentro. Eduardo Vargas, con algunos intentos aislados, fue de los pocos que mostraron algo de iniciativa, aunque terminó igualmente absorbido por la intrascendencia generalizada del equipo.
Lo de Javier Altamirano resulta especialmente preocupante. El mediocampista desapareció del mapa y volvió a exhibir enormes dificultades para asumir protagonismo ofensivo. Juan Martín Lucero, por su parte, continúa acumulando actuaciones que hacen parecer que la U juega con un futbolista menos. Su incapacidad para conectarse con sus compañeros y participar de la elaboración transforma su presencia en un problema más que en una solución.
Tampoco Maximiliano Guerrero consigue recuperar aquella potencia y capacidad de desequilibrio que mostró durante 2024. El extremo parece haber perdido sus principales virtudes y hoy es otro de los tantos nombres que transitan por los partidos sin marcar diferencias. Desde el banco, los ingresos de Gonzalo Reyna e Ignacio Vásquez tampoco consiguieron mover la aguja de un equipo que se quedó sin argumentos.
Y ahí aparece nuevamente Fernando Gago. Porque más allá de los rendimientos individuales, resulta imposible separar esta presentación del trabajo de un entrenador que sigue sin encontrar respuestas colectivas. La U no presiona con consistencia, no construye sociedades ofensivas y depende demasiado de que algún futbolista resuelva por cuenta propia lo que el equipo es incapaz de generar a través del juego.
Hace algunas semanas, Gago aseguró que todavía pensaba en ser campeón del fútbol chileno, pese a encontrarse lejísimos de Colo Colo en la pelea por la Liga de Primera. Una declaración ambiciosa, pero que contrasta brutalmente con lo que sus dirigidos ofrecen dentro de la cancha. Si este es el fútbol que puede producir Universidad de Chile, aquella aspiración parece más una utopía que un objetivo respaldado por argumentos deportivos.
Antofagasta, que pelea por el ascenso desde el quinto puesto de Primera B, encontró en esa fragilidad una oportunidad para ilusionarse con las semifinales de la Copa Chile. El conjunto de Marcoleta hizo valer su localía y llegará con una ventaja importante a la revancha del próximo miércoles 21 de octubre en Santiago.
En el curioso mapa de la Copa Chile faltaba aún definir al último cuartofinalista...cosas de nuestro fútbol. Coquimbo Unido coqueteó con la sorpresa ante un Cobreloa alternativo que tiene su mente puesta en la Primera B. Así y todo se logró poner en ventaja con un tanto de Vicente Conelli, aunque el Pirata revirtió con goles de Luis Riveros y Guido Vadalá (4-2 en el global). Los de Hernán Caputto estarán en la ronda de los ocho mejores donde enfrentará a La Calera y ese cruce se encontrará con el vencedor de Pumas y Azules.