Kansas City se vistió de celeste y blanco para recibir el estreno del campeón del mundo. Miles de argentinos transformaron el estadio en una extensión de Buenos Aires y fueron testigos de otra función inolvidable de Lionel Messi, quien a sus 38 años, y a las puertas de cumplir 39, continúa desafiando toda lógica futbolística. Cuando muchos esperaban una versión más administradora de su talento, el rosarino respondió con un triplete y una actuación que recordó por qué sigue siendo uno de los jugadores más determinantes del planeta.
La selección de Lionel Scaloni no solo ganó. También transmitió la sensación de ser un equipo que conserva gran parte de la memoria colectiva que lo llevó a conquistar el Mundial de Qatar. Hubo movilidad, presión, circulación rápida y una estructura táctica que permitió controlar los momentos importantes del partido. Es cierto que Argelia ofreció una resistencia limitada, pero en este mismo torneo varias selecciones de renombre ya han tropezado o sufrido ante rivales teóricamente inferiores. Argentina, en cambio, resolvió el examen con autoridad y sin mayores sobresaltos.
El primer aviso había llegado temprano con un tanto anulado a Messi por posición de adelanto. Sin embargo, el capitán no tardó en encontrar revancha. A los 16 minutos recibió cerca de la frontal, levantó la cabeza y sacó uno de esos remates que parecen imposibles. La pelota se clavó en el ángulo y desató la locura de los miles de hinchas argentinos presentes en las tribunas. Era el inicio de otra noche histórica para el número diez.
Más allá de los goles, Argentina mostró un funcionamiento colectivo muy sólido. Rodrigo De Paul volvió a ser el motor silencioso del equipo, multiplicándose en la recuperación y en la distribución. Enzo Fernández aportó claridad y ritmo para conectar líneas, mientras que Alexis Mac Allister manejó los tiempos del mediocampo y participó directamente en varias de las jugadas más peligrosas. Ese triángulo en la mitad de la cancha sigue siendo uno de los grandes patrimonios de la Albiceleste y el soporte ideal para que Messi pueda administrar esfuerzos y aparecer donde más daño provoca.
Argelia intentó competir y por momentos mostró atrevimiento, especialmente a través del joven Ibrahim Maza, pero nunca encontró la manera de inquietar realmente a Emiliano Martínez. De hecho, los africanos terminaron el partido sin remates al arco, una estadística que refleja el control ejercido por los sudamericanos durante gran parte de la noche.
En el complemento apareció nuevamente el oportunismo de Messi. A los 60 minutos capturó un rebote de Luca Zidane para marcar el segundo tanto, y cuando el encuentro ya estaba completamente inclinado a favor de Argentina, completó su triplete a los 75'. La ovación fue inmediata. Scaloni lo retiró pocos minutos después y el estadio entero se puso de pie para despedir a una leyenda que sigue acumulando capítulos en una carrera irrepetible. Con esas tres conquistas alcanzó los 16 goles en Copas del Mundo e igualó el récord histórico de Miroslav Klose.
Queda muchísimo torneo por delante y seguramente aparecerán desafíos de una complejidad muy superior. Sin embargo, el estreno dejó señales más que alentadoras para el vigente campeón. Argentina mostró jerarquía individual, funcionamiento colectivo y una columna vertebral que sigue respondiendo en las grandes citas. Y mientras Messi continúe produciendo noches como esta, cualquier sueño parece posible para una selección que busca una hazaña reservada para muy pocos: defender con éxito la corona conquistada en Qatar.