La U volvió a convertirse en un laboratorio. Y no por una búsqueda táctica sofisticada, sino por una sucesión de decisiones que comienzan a tensionar seriamente el proceso de Paqui Meneghini. La más reciente: probar a un delantero como lateral izquierdo en la antesala del partido frente a Huachipato, una señal clara de un técnico que parece decidido a complejizar el fútbol más de la cuenta.
El propio entrenador lo confirmó en conferencia de prensa: “Existe la opción de Ignacio Vásquez, la estamos entrenando con él. Su disposición y actitud ha sido excelente, transmite muchas ganas. Eso lo espero de todos, pero sobre todo de quien esté llamado a sumar minutos Sub 21, que es un tema reglamentario”, sentenció.
No es algo nuevo. En la pretemporada, durante el único amistoso televisado frente al Universitario de Lima, Meneghini ya había dejado varias alertas encendidas: ubicó a Javier Altamirano como extremo derecho y a Eduardo Vargas recostado por la izquierda, pese a que el goleador lleva más de 14 años desempeñándose principalmente como centrodelantero. Movimientos forzados que parecían más ejercicios de pizarra que respuestas a necesidades reales del equipo y que, para colmo, valieron un 0-3 en contra humillante.
La primera fecha del campeonato profundizó ese patrón. Frente a Audax Italiano, y tras la expulsión de Felipe Salomoni a los 18 minutos, el DT tomó otra decisión extrema: mandar a Maxi Guerrero al lateral izquierdo, una posición que el atacante jamás había utilizado a lo largo de su carrera profesional. En la cancha un equipo mal aceitado y con pocas variantes, aunque con el atenuante de jugar con uno menos durante largo tramo del partido.
Ahora el foco está puesto en Vásquez. Y ahí aparece otro elemento que vuelve aún más llamativa la apuesta: Ignacio es delantero y su pierna hábil es la derecha. Si bien suele jugar como extremo izquierdo, lo hace para enganchar hacia adentro y perfilarse para su mejor pie. Un escenario completamente distinto al que exige el rol defensivo en esa banda, donde prima el retroceso, el cierre del segundo palo y el perfil natural para marcar por fuera.
Es decir, no solo se trata de mover a un atacante a la zaga, sino de hacerlo además a contrapié, obligándolo a resolver acciones defensivas con su pierna menos hábil y en una zona del campo donde el margen de error es mínimo. El denominador común empieza a ser evidente: jugadores fuera de su hábitat natural, roles alterados y un equipo que todavía no construye certezas. En vez de simplificar en escenarios adversos —como una roja temprana—, Meneghini opta por profundizar el experimento, exponiendo a futbolistas y debilitando automatismos básicos.
Todo esto ocurre en un contexto delicado. Universidad de Chile llega al domingo con más dudas que convicciones, y con un entrenador que acumula decisiones difíciles de defender desde la lógica futbolística. Si el resultado ante Huachipato no acompaña, Paqui quedará muy mal parado: no solo por el marcador, sino porque su libreto creativo empieza a parecer caprichoso más que innovador.