La eliminación de Noruega frente a Inglaterra en los cuartos de final del Mundial 2026 no terminó con el pitazo final. En las horas posteriores al 2-1 sufrido ante los ingleses, el delantero Alexander Sorloth y su familia comenzaron a recibir una avalancha de insultos y amenazas que rápidamente encendió las alarmas sobre el creciente nivel de violencia que enfrentan los futbolistas en redes sociales.
Fue Lena Selnes, pareja del atacante y madre de sus dos hijos, quien decidió hacer pública la situación. A través de sus historias de Instagram compartió capturas de algunos de los mensajes que llegaron tanto a ella como al delantero, varios de ellos con amenazas de muerte e incluso instándolo a quitarse la vida. "Suicídate, idiota" y "abandona el país y tírate desde un acantilado" fueron algunas de las frases que exhibió.
Selnes explicó que inicialmente no quería darle visibilidad a estos comentarios, pero cambió de opinión al considerar que el nivel de odio había sobrepasado cualquier límite. Además, confirmó que iniciará acciones legales contra los responsables y realizó un llamado a reflexionar sobre el impacto que pueden tener este tipo de ataques, especialmente cuando involucran a las familias de los deportistas.
El origen de la indignación de algunos hinchas estuvo en una jugada que marcó el desenlace del partido. Con el encuentro 1-0, Sorloth optó por definir él mismo una acción ofensiva en lugar de habilitar a Erling Haaland, que aparecía en una posición muy favorable frente al arco de Jordan Pickford. La oportunidad se perdió y, pocos minutos después, Jude Bellingham anotó el gol del empate.
La reacción en redes fue inmediata y desproporcionada. Lo que comenzó como críticas futbolísticas derivó rápidamente en una campaña de hostigamiento contra el delantero y su entorno, un fenómeno que se ha repetido en los últimos años con jugadores de distintas selecciones tras quedar eliminados en grandes torneos.
El seleccionador de Noruega, Ståle Solbakken, también condenó lo ocurrido y calificó la situación como "trágica". El técnico lamentó que este tipo de episodios se haya vuelto parte de la realidad del deporte de alto rendimiento y reveló que suele recomendar a los jugadores más jóvenes mantenerse alejados de las redes sociales durante las grandes competiciones para proteger su salud mental.
El caso de Sorloth vuelve a instalar el debate sobre los límites del fanatismo en el fútbol. Una derrota puede generar frustración, pero convertir a un jugador y a su familia en blanco de amenazas y mensajes de odio demuestra cómo las redes sociales pueden transformar un error deportivo en una persecución personal con consecuencias mucho más profundas que un resultado en la cancha.