Hace una semana los clubes de Segunda se reunieron y acordaron con la ANFP las especificaciones para realizar un campeonato acorde a la realidad y no pasar las zozobras del año pasado que terminó fagocitando a los dos clubes del Maipo. De hecho en esa reunión participó Melipilla, sin saber que una semana después, tras el fallo de la Primera Sala sería condenado al descenso por su cuarto incumplimiento en el año.
Ante esto en el puerto de San Antonio se encendieron las alarmas para presentar la apelación que los podría reincorporar el profesionalismo, Melipilla hará lo mismo por cierto. Pero ambos clubes tienen muy poca base sustentable para soñar con una especie de perdonazo. Por su parte Barnechea sigue en el limbo tras su derrota en la Corte Suprema y sólo esperan la resolución de la ANFP para su desafiliación, algo que lleva casi tres meses sin resolverse.
Dentro de todo esto, General Velásquez, que en un minuto anunció que no competiría, al parecer echó pie atrás y Carlos Cornejo estaría dispuesto a presentar un equipo al menos por esta temporada, igual cosa con Rengo que en algún momento también cuestionó su participación.
Desde el sur, pese a la tragedia que los azota, el Comunal Cabrero tiene el sueño que alguna de esas plazas vacías sean completadas por aquellos equipos que llegaron a instancias finales en la Tercera A. Cabrero y Lota Schwager por ejemplo.
La temporada pasada con mucha dificultad y estirando el campeonato más que un chicle, se jugó con 13 elencos. Ahora hacerlo con 11 cuadros suena casi inviable o hasta ridículo, pero en el fútbol chileno y en esta división en particular todo puede pasar.