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Por La Hora de King Kong · 1 min de lectura
Córdova comenzó a recibir fuego graneado. Y no de la prensa, es desde adentro del camarín. Parece que los peores enemigos estaban en Juan Pinto Durán.

Cualquier observador con un poco de kilometraje en el fútbol sabe que las palabras de Nicolás Córdova luego de quedar eliminado en el Mundial Sub 20 no son normales ni casuales. Que haya salido por la zona mixta del Elías Figueroa disparando a la bandada, culpando a todos y nadie, alegando que no le dieron lo que pidió, asegurando que dijo todo lo que iba a pasar dos años antes… era un claro indicio de que el entrenador plenipotenciario del fútbol chileno sabía que pisaba terreno muy blando. Que, una vez que los resultados no acompañaron, ya no quedo dónde esconder su gestión, acaso su carácter también.
De poco sirvieron las palabras de Pablo Milad dos días después, y eso que el barro también fue para él y su directiva, donde le lanzó una bomba de racimo a Córdova, claro que de flores y cantos. Puros halagos y buenas vibras.
A pesar del apoyo irrestricto de Quilín, Córdova sabía que en cualquier momento iban a aparecer las arrugas escondidas tras los kilos de métricas, procesos, horas de trabajo y retórica u hojarasca. Primero fue el puntero derecho del Huesca, Willi Chatiliez, quien estuvo en la selección sub 20 tanto en el Sudamericano como en el Mundial. Se mostró decepcionado con las pocas oportunidades, la falta de comunicación con el técnico, y, sobre todo, la forma de trabajo. En simple: para Chatiliez la sub 20 no entrenaba bien y apunto a los intensos ejercicios de las prácticas: “se repiten tanto también tienen algo negativo: si siempre haces lo mismo, cuando las cosas se ponen complicadas, adversas, y no puedas hacer tu juego, después tienes más dificultades, evidentemente".
Lo que dice Willi es sencillo: Córdova no tiene Plan B. Cuando el partido no va como quiere, no sabe qué hacer porque no lo entrenó.
Pocos días después llegó un planchazo más duro todavía. El ex sicólogo de la selección, Felipe Fuenzalida, en una larga entrevista en La Tercera, cuestionó a fondo la forma de trabajar de Córdova. Sus adjetivos fueron: obtuso, rigidez, ostracismo, arrogancia…Pero no se quedó ahí, dijo que era “una persona que no escucha, que tiene una única visión sobre las cosas, que cree que lo que él plantea es la verdad absoluta, y además se rodea de gente sin experiencia”.
No pasaron dos semanas, y pese a estar ratificado en la selección absoluta hasta marzo al menos, Córdova comenzó a recibir fuego graneado. Y no de la prensa, es desde adentro del camarín ¿Quién será el próximo? Parece que los peores enemigos estaban en Pinto Durán Nico.
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