Dura semana para la dirigencia y los hinchas de Unión Española. Tras el frustrado fichaje de Rodrigo Piñeiro —el refuerzo estelar que se perfilaba para reforzar la ofensiva en la temporada de Primera B 2026— el club confirmó que las negociaciones con el atacante quedaron descartadas debido a desacuerdos económicos con Vélez Sarsfield, dueño de su pase, y las exigencias salariales del jugador.
La caída de Piñeiro se suma a una serie de decisiones erráticas y problemas internos que ha vivido el cuadro hispano desde su descenso: apenas semanas después de anunciar el regreso de Emiliano Vecchio, la relación entre el volante creativo y el cuerpo técnico terminó en un desplante y la probable rescisión de contrato, complicando aún más la planificación deportiva del club.
En este contexto tenso, Unión Española ha reforzado su nómina con jugadores de perfil mucho más modesto y varios procedentes de categorías inferiores o de menor perfil competitivo. Entre las nuevas altas están el arquero Julio Fierro (llegado desde Deportes Copiapó), el defensor Martín Ormeño (ex Puerto Montt) y el delantero Mitchell Wassenne, quien arribó desde Concón National de la Segunda División profesional.
A esos fichajes se suman nombres con experiencia pero lejos de ser figuras de alto impacto: William Machado (Almirante Brown, Argentina), Patricio Rubio (ex Ñublense) y Ulises Ojeda, mediocampista ofensivo argentino proveniente de Deportes Concepción.
El panorama competitivo de Unión Española luce complejo: después de 28 años fuera de la Primera B y con la misión de regresar a la élite lo antes posible, la caída de refuerzos de jerarquía como el caso de Piñeiro pone en evidencia una planificación débil en lo deportivo y lo dirigencial, que tendrá que ser corregida si el club quiere recuperar rápidamente su lugar en la Primera División.