Su nombre es sinónimo de tradición y buen fútbol. Grandes e históricas jornadas del balompié criollo se disputaron el plaza chacabuco, aunque la actulidad está lejos de su momento de gloria.
Por estos días el reducto de Independencia se encuentra en medio de la encrucijada para ser sede del superclásico, esto a raíz de los trabajos que aún se encuentran en ejecución para la instalación de las nuevas torres de iluminación. Una historia de remodelaciones fallidas, que tiene constantemente al recinto expuesto a las críticas.
Del amor al desprecio
El querido Santa Laura parecía maquillarse para estar acorde a la modernidad de estos tiempos, cuando en el 2008 el controlador del cuadro hispano, Jorge Segovia, invertía en arreglos de gradas y baños que auguraban una nueva cara.
En el 2018 vino el proyecto de las torres inmobiliarias en la cancha dos, el que fue derrumbado por la acción de socios e hinchas que amparados en el plano regulador comunal truncaron el sueño del propietario de la SEK.
De ahí en adelante Santa Laura no recibió más cariño.En julio del 2022 durante un partido de rugby entre las selecciones de Chile y Estados Unidos la cancha principal sufrió un nivel de destrucción que no se recuperó bien en casi tres años, privando a los rojos y al fútbol de su uso.
En marzo del 2025 un extraño hongo, aparentemente intencional, liquidó un paño de 3 mil metros cuadrados de pasto, lo que generó el cierre del reducto hispano. Y una vez más sin fútbol por meses.
Este mismo año los cuestionamientos de Conmebol por la deficiente iluminación motivaron a la directiva hispana al cambio de luces. Sin embargo, el peso de los modernos focos no era resistido por las vetustas torres de La Catedral, lo que provocaría, ahora sí, un estudio para la instalación de nuevos postes y soportes lumínicos.
Y si bien se puede jugar en horario diurno, el peligro se encuentra en los escombros, tierra y fosos gigantes que existen. Solo queda pensar. ¿Cuándo terminarán las “malas jugadas” en Santa Laura?.