Todo se reactivó con la más reciente conferencia de prensa de Jorge Sampaoli. El entrenador de Atlético Mineiro no esquivó el tema y fue directo al hablar del volante de Universidad de Chile: “Lucas Assadi es un jugador que deseamos, que elegimos y que estamos monitoreando. Estamos intentando ver si existe la posibilidad de traerlo o no”.
“El mercado está abierto y siempre estamos esperando. Lo más importante es que estamos trayendo soluciones para el equipo”, agregó el casildense, dejando en evidencia que el nombre del chileno sigue siendo prioridad para su proyecto en Brasil.
Pocas horas después, el periodista brasileño Guilherme Frossard reforzó ese escenario a través de su cuenta personal de Twitter. “Sampaoli lo insinuó en la rueda de prensa, le di seguimiento y… efectivamente, el Atlético Mineiro ha vuelto a la carga por Lucas Assadi. No sé cuál será el formato del próximo intento, pero no es un asunto cerrado para el Atlético, que sigue tras el jugador chileno. Esperemos y veremos”, escribió.
El ruido externo no sorprende en el Centro Deportivo Azul. De hecho, el nombre de Assadi lleva meses instalado en las conversaciones internas, no solo por su rendimiento, sino por su situación contractual. El volante tiene vínculo vigente hasta diciembre de 2026, pero desde junio de este año podrá negociar como agente libre con cualquier club, un detalle que genera inquietud en la dirigencia.
Por lo mismo, Universidad de Chile ha intentado avanzar en una renovación que le permita blindarlo y asegurar un mayor retorno económico en una futura transferencia. Sin embargo, las conversaciones no han sido sencillas y, mientras no exista un acuerdo, el reloj corre en contra del club.
Este escenario explica por qué, desde el interior del CDA, el tema está completamente instalado. No son pocos los que ya empiezan a imaginar un 2026 sin Assadi. No como un deseo, sino como una posibilidad concreta que obliga a tomar decisiones ahora.
La discusión no es futbolística, sino económica. Assadi es uno de los pocos jugadores del plantel con proyección de venta internacional importante. En mercados anteriores, la U fijó en torno a los 5 millones de dólares el piso para negociar su salida, una suerte de “cláusula no oficial” que nunca estuvo escrita, pero que funcionó como referencia.
Atlético Mineiro se acercó a esa cifra con propuestas que rondaban los 4,5 millones de dólares, pero las diferencias estuvieron en la forma de pago: cuotas, plazos largos y garantías que en la U consideraban insuficientes. Hoy, con menos tiempo de contrato, esa posición de fuerza se debilita.
Por eso, puertas adentro, el dilema es claro: o se logra renovar para asegurar una futura venta, o se vende ahora, o se asume el riesgo de que el jugador se marche libre, sin dejar ingresos. Un escenario que en el club ya conocen y que no quieren repetir. Las palabras de Sampaoli y el mensaje de Frossard solo volvieron a poner el tema en la superficie. Pero en la U el problema no es Mineiro. Es el tiempo. Y el tiempo, esta vez, juega en contra.