Foto: @realmadrid
Los tres días que jamás se olvidarán en las memorias de los hinchas madridistas. Perdió una final de la Supercopa ante el Barcelona, terminó el ciclo de Xabi Alonso y ayer quedó eliminado en octavos de Copa del Rey ante el Albacete en el último minuto. Tres golpes al mentón que tienen a Florentino Pérez y a la institución nocaut.
Pero el Madrid ha perdido mucho más que tres partidos, ha perdido prestigio y liderazgo, no sólo hacia sus rivales, que siempre buscan derrotar al mejor, se perdió el respeto a sí mismo, con un plantel con tantas figuras que al final el choque de egos es un partido tanto o más convulsionado que el de la cancha misma.
Vinicius primero y Mbappé después empezaron a superar la autoridad del entrenador a vista y paciencia de todo el mundo, un camarín ingobernable, lo sabrá Manuel Pellegrini que convivió con esas conductas. Arbeloa que llegó para apagar el incendio, apostó en su debut por una formación sin tantas figuras, Mastantuono y otros más no pudieron con un equipo de Segunda División.
La eliminación evidenció que la necesidad de reconstrucción del Madrid es más compleja de lo previsto. No basta con iniciar una nueva etapa improvisada cambiando una pieza por otra, la cirugía debe ser mayor partiendo desde la testera de los merengues.
En Madrid la prensa, partidaria y no, ya hablan de una refundación del equipo, más allá del fútbol y las lesiones, hace falta revisar la mentalidad, la cohesión y el compromiso. Este sábado ante el Levante por La Liga se verá cuánto de eso hay y si es el alza o el definitivo derrumbe de un poderoso.