El 2025 de la Selección Chilena quedó marcado por una fractura imposible de ignorar. En el balance global, el equipo disputó 10 partidos, con 4 victorias, 2 empates y 4 derrotas, sumando 14 puntos de 30 posibles, un 46,7% de rendimiento que, a primera vista, podría parecer aceptable. Sin embargo, al separar el calendario entre lo que suma y lo que sólo mide, el panorama se oscurece de manera drástica. En los seis partidos oficiales del año, todos por Clasificatorias al Mundial 2026, Chile no ganó, apenas rescató dos empates y perdió cuatro veces. Peor aún: no convirtió un solo gol.
Ese dato define el año. En 2025, Chile jugó seis encuentros oficiales y terminó el calendario con un registro ofensivo nulo. Los resultados fueron elocuentes y repetitivos: derrota 1-0 ante Paraguay en Asunción, empate 0-0 con Ecuador en Santiago, caída 0-1 ante Argentina como local, derrota 2-0 frente a Bolivia en El Alto, goleada en contra por 3-0 ante Brasil en Río de Janeiro y un nuevo empate sin goles frente a Uruguay en Santiago. Dos puntos de 18 posibles, un 11,1% de rendimiento, con siete goles recibidos y cero a favor. No hay lectura optimista que resista ese número.
Las derrotas más preocupantes no sólo se explican por el marcador, sino por el contexto. La caída ante Paraguay fue un golpe silencioso: un partido cerrado, definido por un gol, en el que Chile no tuvo cómo responder con el que prácticamente quedó fuera del Mundial. En El Alto, ante Bolivia, la Roja volvió a mostrar impotencia ofensiva, sin siquiera el consuelo del descuento, y sellando su tercera ausencia consecutiva a una Copa del Mundo. En Río de Janeiro, frente a Brasil, la diferencia fue total: tres goles en contra, distancia futbolística evidente y ninguna amenaza real al arco rival. Incluso las derrotas “cortas”, como el 0-1 ante Argentina en Santiago, se vuelven graves cuando se leen dentro de un patrón que se repite partido tras partido: Chile no logró marcar cuando los puntos están en juego.
Los empates tampoco ofrecieron alivio. El 0-0 con Ecuador y el 0-0 con Uruguay entregaron algo de orden defensivo, pero confirmaron la incapacidad del equipo para transformar partidos parejos en victorias. Sumar sin convertir, en una eliminatoria larga, termina siendo una condena silenciosa.
El contraste con los amistosos fue tan grande como engañoso. En los cuatro partidos no oficiales del año, Chile ganó todos: 6-1 a Panamá, 2-1 a Perú en Santiago, 2-0 a Rusia en Sochi y 2-1 nuevamente ante Perú. En ese tramo, el equipo anotó 12 goles y cerró con un 100% de rendimiento. Esos triunfos explican por qué el balance global no es aún más duro, pero también profundizan la preocupación: Chile convirtió doce veces cuando no había puntos en juego y ninguna cuando el calendario exigía.
Así, el 2025 queda como un año bisagra, pero no por crecimiento, sino por advertencia. Los números no hablan de una crisis aislada, sino de una tendencia que se arrastra y se agrava. Se puede ganar amistosos, mejorar la diferencia de gol anual y cerrar el año con victorias, pero mientras la Selección no encuentre el arco en partidos oficiales, el problema seguirá siendo estructural. En 2025, la Roja no sólo perdió partidos: perdió gol, perdió margen y dejó instalada una señal de alerta que ya no admite maquillaje.