Universidad Católica no solo consiguió una clasificación histórica en la Copa Libertadores. El equipo de Daniel Garnero provocó un verdadero terremoto en Boca Juniors, que terminó eliminado en plena Bombonera y expuesto ante su propia gente en una noche de furia, silbidos e insultos.
El ambiente se quebró tras el pitazo final de Wilmar Roldán. Boca necesitaba ganar para seguir con vida en la Libertadores, pero el derechazo de Clemente Montes a los 34 minutos dejó al equipo argentino sin respuestas y abrió una herida profunda en el club xeneize. Este fue el quinto fracaso consecutivo del Xeneize jugando en su estadio, y el clamor popular demostró un disgusto que sumó otro dolor de cabeza.
La Bombonera pasó del aliento copero al enojo generalizado. Primero llegaron los silbidos por el bajo rendimiento del equipo, luego los reclamos contra jugadores resistidos como Milton Giménez y finalmente el estallido contra la conducción. “La comisión, la comisión, se va la puta que lo parió”, bajó desde un sector del estadio.
Pero el golpe más fuerte llegó después. Con Boca consumando otra frustración internacional, los hinchas explotaron con el cántico más duro de todos: “Que se vayan todos, que no quede ni uno solo”. Una frase que reflejó el nivel de hastío de una hinchada que vio cómo su equipo quedó fuera de la Libertadores en la fase de grupos.
El propio Juan Román Riquelme sintió el impacto de la noche. El presidente de Boca se retiró de su palco antes de que terminara el partido, visiblemente golpeado por una eliminación que deja al club obligado a jugar los playoffs de la Copa Sudamericana contra O’Higgins. Demasiado poco para un plantel de figuras de peso, que también se llevaron los silbidos tras una pobre actuación. Claudio Úbeda, entrenador del Xeneize tiene prácticamente sellada su despedida del club tras el fracaso copero. Un infierno desatado por una Universidad Católica que firmó una noche épica.