Algo pasó con Damián Pizarro. Y su partido ante Colo Colo volvió a entregar señales de un bajón futbolístico que a estas alturas resulta evidente. En una nueva oportunidad como titular en Audax Italiano, el delantero estuvo lejos de ser aquel atacante potente que alguna vez irrumpió en el fútbol chileno.
Arturo Vidal se lo echó al bolsillo. Cada vez que ambos chocaron, el volante albo terminó imponiéndose. Pizarro intentó aguantar de espaldas, utilizar su físico y pelear los balones divididos, pero esa potencia que hace algunos años era una de sus principales virtudes simplemente no apareció.
Los números tampoco ayudan a esconder su pobre actuación. Tocó apenas 26 veces la pelota, perdió la posesión en 10 oportunidades y no completó el único regate que intentó. Terminó con dos remates, sólo uno al arco, y completó 10 de sus 14 pases. Muy poco para un delantero que necesitaba aprovechar la titularidad para comenzar a recuperar terreno.
Porque quizás ahí está lo más preocupante. El Pizarro que apareció en Colo Colo podía equivocarse técnicamente, podía fallar goles y tomar malas decisiones, pero físicamente era una amenaza. Atacaba, chocaba, corría y obligaba a los defensores a preocuparse permanentemente de él. Ante Colo Colo, nada de eso estuvo.
Su paso por Europa parece haberle hecho más mal que bien. Se fue siendo un delantero joven, todavía muy por pulir, pero con condiciones físicas que permitían proyectar una evolución importante. Regresó con menos confianza, poca continuidad y, sobre todo, sin aquella explosividad que compensaba varias de sus falencias.
Y la gente de Audax también parece comenzar a notarlo. Cuando abandonó la cancha se escuchó una leve silbatina desde la parcialidad local. No fue una condena masiva, pero sí una señal para un futbolista que necesita comenzar a entregar respuestas.
Damián Pizarro todavía tiene 21 años y tiempo de sobra para reconstruirse. Pero hoy la discusión ya no puede sostenerse únicamente sobre el potencial que alguna vez mostró. Su presente habla de otra cosa. Y ante Colo Colo, con Vidal ganándole prácticamente cada duelo, volvió a quedar demasiado expuesto.