Chile volvió a enfrentar la realidad. La Roja cayó 2-1 ante Portugal en el Estadio Nacional do Jamor, en Oeiras, en un partido donde la diferencia futbolística fue mucho más amplia de lo que terminó reflejando el marcador final. El equipo de Nicolás Córdova fue ampliamente dominado por una selección portuguesa que aparece entre las candidatas a pelear el Mundial 2026. Durante gran parte del encuentro los lusos controlaron la posesión, jugaron a placer y encontraron espacios con una facilidad alarmante frente a un equipo chileno que nunca logró hacerse dueño de la pelota ni competir de igual a igual.
La estadística del primer tiempo resume perfectamente lo ocurrido. Chile apenas alcanzó un 27% de posesión y no logró generar situaciones de peligro sobre el arco rival. Portugal monopolizó el balón y convirtió a Lawrence Vigouroux en la gran figura del partido mucho antes de que llegaran los goles. El arquero chileno sostuvo el empate durante largos pasajes del encuentro. Le tapó un cabezazo a Rúben Dias, respondió notablemente ante un remate de Cristiano Ronaldo y observó cómo Rafael Leão estrellaba un disparo en el poste. Incluso Ronaldo llegó a convertir, aunque la conquista fue anulada por posición de adelanto. La sensación era que el cero resistía únicamente gracias al portero nacional.
Antes del descanso llegó otro episodio preocupante para Chile. Una innecesaria pelea terminó con las expulsiones de Rafael Leão e Iván Román. Para el joven defensor chileno significó su segunda tarjeta roja vistiendo la camiseta de la selección, un antecedente que comienza a transformarse en una señal de alerta en su proceso de crecimiento. Ni siquiera los seis cambios realizados por Portugal durante el entretiempo modificaron el trámite. Los europeos mantuvieron el control del partido y siguieron generando ocasiones ante una Roja incapaz de sostener ataques o construir juego asociado.
La superioridad terminó reflejándose en el marcador a los 58 minutos. Gonçalo Guedes aprovechó una brillante habilitación de Rúben Neves para abrir la cuenta y hacer justicia con lo que se veía en la cancha. Más tarde, Bruno Fernandes encontró espacios frente a una defensa mal posicionada y con un potente remate firmó el segundo tanto portugués. A esa altura, el resultado parecía incluso corto. Portugal había generado ocasiones suficientes para construir una goleada y nunca dio la impresión de estar jugando a máxima intensidad. Chile, por el contrario, apenas registraba aproximaciones aisladas y seguía dependiendo de Vigouroux para evitar una diferencia más amplia.
Recién en los descuentos apareció una reacción. A los 92 minutos Lucas Cepeda encontró espacio para sacar un potente zurdazo que venció al arquero portugués y estableció el 2-1 definitivo. El gol permitió estrechar las cifras y entregar algo de dignidad al marcador, pero no alcanzó para modificar la evaluación general de una actuación muy pobre.
Portugal se despidió de su público dejando la sensación de estar listo para competir en la máxima cita del fútbol mundial. Chile, en cambio, volvió a evidenciar la enorme distancia que hoy lo separa de la élite. El descuento de Cepeda maquilló el resultado, pero no el desarrollo de un partido donde la Roja fue, durante largos pasajes, apenas un testigo privilegiado del fútbol portugués.