La 69 edición del Balón de Oro de la revista “France Football” ratificó el notable año del Paris Saint Germain. El cuadro parisino por fin ganó la Champions League, disputó la final del Mundial de Clubes de la FIFA, recibió el Premio al Mejor Club Masculino, Luis Enrique fue el entrenador de la temporada, el arquero Gianluigi Donnarumma (hoy en Manchester City) se llevó el trofeo “Lev Yashin” y disfrutó de la consagración de Ousmane Dembélé, el gran delantero francés, cuya designación desató una fiesta en las calles de la capital gala.
A la luz de los resultados, el peso de la Champions League se convierte en incontrarrestable. Su enorme exigencia la deja sin rivales, salvo cuando se disputa el Mundial o la Eurocopa. La presencia de los mayores futbolistas del orbe en los grandes cuadros europeos es un barómetro ineludible.
Nasser al-Khelaïfi, la cara visible del proyecto qatarí, tuvo en este 2025 la recompensa que buscaba desde 2011, cuando su nombre pasó a formar parte de la vida cotidiana del fútbol internacional. Ni siquiera disponer en su momento de Lionel Messi, Neymar y Kylian Mbappé sirvió para levantar la Orejona de la UEFA. La construcción de un equipo, desde el liderazgo y sapiencia de Luis Enrique, fue la llave maestra que generó esta etapa inolvidable.
Cuando Dembelé salió del Barcelona resultaba imposible imaginar este presente. Era un atacante con talento, veloz, indescifrable por su manejo con las dos piernas, pero daba la impresión de que algo le faltaba para transformarse en el futbolista que insinuaba. En el PSG se encontró con el asturiano y el rumbo de su carrera cambió. Dejó de estar en la segunda línea de la élite para constituirse en la piedra angular de un proyecto que hoy disfruta de la gloria.
Lo escoltó Lamine Yamal, quien por segunda vez se calza el trofeo “Kopa”, que distingue al mejor jugador menor de 21 años. El delantero del Barcelona calzaba para representar a España en el Mundial Sub-20 de Chile, que se inicia este sábado. La realidad nos enseña que la estrella catalana está en otra dimensión.
A la corta a o la larga, Lamine será Balón de Oro. Su carrera va en ascenso, juega en un cuadro emblemático, su selección disputa con opciones los torneos que afronta, su zurda es un acertijo para los rivales y tiene gol, un atributo que inclina la balanza. Nacido el 13 de julio de 2007, posee un futuro inconmensurable. El Mundial de Estados Unidos, México y Canadá lo espera en su condición de campeón de Europa. El escenario norteamericano asoma ideal para un jugador llamado a recoger el testimonio que deja un inagotable Lionel Messi.
El fútbol mundial vive una transición natural, luego del reinado del zurdo argentino. Cristiano Ronaldo, a partir de su condición de goleador extraordinario, también protagonizó las últimas dos décadas, donde los españoles Xavi y Andrés Iniesta merecieron mayor reconocimiento. El croata Luca Modric y el francés Karim Benzemá también quedaron en el almanaque de estos 20 años.
A diferencia de otras ediciones, las polémicas fueron menores. La molestia de Real Madrid, por la no elección del brasileño Vinicius, fue una pésima decisión en 2024. Los tres nombres que lideraron la más prestigiosa encuesta futbolera del planeta, donde se incluyó al portugués Vitinha, no despertaron mayores discusiones.
Es el Balón de Oro, que, desde su prestigio y transparencia, reflejada en la publicación de la votación de los jurados en las páginas de la publicación francesa, actúa como un imán ineludible.