Boca Juniors volvió a golpear en el partido más grande del fútbol argentino. El equipo dirigido por Claudio Úbeda derrotó por 1-0 a River Plate en el estadio Más Monumental gracias a un penal convertido por Leandro Paredes en los descuentos de la primera etapa, en una acción que terminó inclinando un encuentro de escaso margen y alta tensión competitiva.
Hasta ese momento, el Superclásico había transitado por carriles de equilibrio, con River intentando asumir el control territorial y Boca apostando por salidas más directas. De hecho, antes del gol, el cuadro visitante ya había avisado con una clarísima acción de Miguel Merentiel, habilitado justamente por Paredes, en una señal de que el mediocampista campeón del mundo era el futbolista más influyente de la tarde. Luego, en el cierre del primer tiempo, otra intervención del volante terminó provocando el error decisivo: el remate de Merentiel dio en la mano de Lautaro Rivero, el VAR llamó al árbitro Darío Herrera y Boca encontró la gran oportunidad de la tarde.
Paredes no falló. Con personalidad, jerarquía y una definición alta, estampó el 1-0 a los 45’+6 y desató el festejo xeneize en pleno Monumental. Fue un golpe enorme para River, que además ya había sufrido antes la salida por lesión de Sebastián Driussi, obligado a abandonar la cancha a los 18 minutos en otro factor que condicionó el desarrollo del equipo de Eduardo Coudet.
En el complemento, River movió piezas para buscar reacción y adelantó metros, pero no logró transformar ese empuje en profundidad real. Boca, en cambio, se sintió más cómodo con el trámite: administró la ventaja, cerró espacios y también tuvo aproximaciones para ampliar la diferencia, como un remate de Exequiel Zeballos y otra llegada que exigió atención en el fondo millonario. Del otro lado, el local generó insinuaciones, algunos tiros desde fuera del área y presión con pelota detenida, aunque sin la claridad necesaria para derribar la resistencia visitante.
La victoria terminó consolidando la figura de Paredes, determinante por juego, personalidad y eficacia en el momento más caliente del partido. Su penal marcó la diferencia en un clásico que se jugó con dientes apretados y donde Boca supo hacer negocio completo: pegó en el instante justo y luego sostuvo la ventaja con oficio.
En clave chilena, el Superclásico dejó una presencia sin protagonismo en cancha. Paulo Díaz integró el banco de River, mientras que Williams Alarcón apareció entre los suplentes de Boca, pero ninguno de los dos fue utilizado durante el encuentro, por lo que cerraron la jornada sin sumar minutos en la edición 266 del duelo más emblemático del fútbol argentino.