Colo Colo llega al inicio del Torneo Nacional 2026 con más preguntas que respuestas. El triunfo por penales ante Peñarol no alcanza a maquillar un rendimiento inquietante para sus hinchas, pero el fondo de la historia es otro: el equipo de Fernando Ortiz no ha ganado en los 90 minutos en sus últimos cinco partidos, una racha que se arrastra desde el cierre de 2025 y que se profundizó en la pretemporada.
Los números recientes son claros. En los amistosos de verano, el Cacique empató 0-0 con Olimpia, igualó 1-1 con Peñarol y perdió 3-2 ante Alianza Lima. En los dos primeros ganó por penales, pero sin imponerse en el tiempo reglamentario. Es decir: tres partidos, cero victorias en 90 minutos. Antes de eso, el cierre de la temporada 2025 dejó derrotas ante Audax Italiano y Cobresal para quedar fuera de copas en esta temporada. Su saldo ya venía a la baja desde su estreno con la goleada sufrida frente a Universidad de Chile en la Supercopa.
Ese presente, y pasado, se sostiene también en los números globales del ciclo. Desde que asumió en agosto de 2025, Fernando Ortiz ha dirigido 9 partidos oficiales, con un balance exacto de 4 victorias, 1 empate y 4 derrotas. Son 13 puntos de 27 posibles, lo que se traduce en un 48,15% de rendimiento. Ni ascenso claro, ni consolidación, ni regularidad: un ciclo partido al medio.
Pero más allá de los resultados, lo que inquieta en Macul es el funcionamiento. Colo Colo no ha logrado establecer una identidad clara. Cambios constantes de esquema, roles que varían partido a partido, problemas para sostener ventajas, fragilidad en defensa y una construcción ofensiva intermitente son parte del diagnóstico. El equipo no domina, no somete y muchas veces depende de acciones individuales más que de una estructura colectiva.
El cierre de 2025 ya había dejado señales de alarma: Colo Colo quedó fuera de Copa Libertadores y Copa Sudamericana, un golpe fuerte para un club que se mide por su presencia internacional. Ese escenario vino acompañado de tensiones internas, especialmente con referentes como Esteban Pavez y Arturo Vidal. Pavez dijo "estar caliente con el entrenador por no ser citado", mientras que el ex hombre de Juventus disparó públicamente contra el entrenador por dejarlo fuera del equipo titular en el cierre del campeonato anterior.
En esta pretemporada, Ortiz incluso intentó marginar a Vidal, pero la dirigencia —encabezada por Aníbal Mosa— revirtió la decisión y el volante terminó siendo titular en los tres amistosos. La señal fue potente: el entrenador no tiene control absoluto sobre el proyecto deportivo. Lo mismo con un Esteban Pavez que pasó de ser cortado incluso de la convocatoria a portar la jineta de capitán ante Alianza Lima.
Y ahora aparece otro factor que complica el panorama: Lucas Cepeda está a un paso de salir. El propio Ortiz reconoció que su continuidad está en duda y que el tema será abordado con la dirigencia. La posible partida del atacante no es menor: hoy es uno de los pocos jugadores capaces de desequilibrar en el uno contra uno, romper líneas y generar algo distinto en un equipo que, en general, juega previsible.
La salida de Cepeda no solo debilita el plantel: también expone una fragilidad estructural. Colo Colo llega al torneo con un funcionamiento en deuda, con dudas tácticas profundas y sin una idea que se repita con claridad. No es un problema de nombres: es un problema de juego.
“Una vez que se concrete, seguramente tendré reuniones con Aníbal (Mosa) y veré las posiciones en el mediocampo. Lo dije, el libro de pases no lo voy a cerrar hasta que se termine”, advirtió tras el partido en el Centenario.
Así, Ortiz arriba al Torneo Nacional sin saldo positivo. Sin una racha que respalde su proceso, sin un funcionamiento consolidado y con un equipo que todavía no transmite convicción. En Macul, la exigencia no es menor: este no es un club que pueda permitirse procesos indefinidos. Y hoy, más que ilusión, lo que hay es incertidumbre.