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Por La Hora de King Kong · 1 min de lectura
La compra del paquete accionario de los Schapira en la U por parte de una sociedad constituida menos de dos meses antes y el extraño "interés" de un ladino empresario de jugadores brasileño por adquirir La Serena, hacen de la reforma legal una obligación para que la actividad sobreviva.

"Para comprar un club en Chile sólo necesitas un rut, nada más. Ni siquiera te piden un papel de antecedentes", me dijo Ricardo Abumohor hace algunos años. La propiedad de los clubes en nuestro fútbol profesional pasó de ser una mascarada, estar ocultos bajo palos blancos y dueños poco creíbles, al manoseo, y hasta peloteo, desembozados de empresarios de jugadores que los van transformando en meros almacenes y bodegas (y que los hinchas aleguen lo que quieran, hay un número en Buenos Aires donde pueden llamar y hacer quejas).
Que el abogado de Azul Azul José Ramón Correa sacara por arte de magia (no sé si blanca o negra), más de siete millones de dólares para comprar el paquete accionario de la familia Schapira es un ejemplo muy evidente de lo expuesto en el párrafo anterior. Lo mismo las extravagantes declaraciones de Regis Marques, un empresario brasileño de jugadores, experto en traer paraguayos baratos al fútbol chileno que tiene al insondable club Tacuary entre sus propiedades, quien dijo el martes: “Ahora estoy en Chile y estoy viendo la posibilidad de comprar un club. Me gustaría comprar el club La Serena; mi amigo es el dueño actual y estamos negociando”.
Vamos al VAR con estas declaraciones. Muchos creen que el amigo de Regis Marques es Fernando Felicevich. Pues no. El empresario brasileño se refiere a Marcelo Pesce, con quien hizo infinidad de negocios en Huachipato y que hasta viajó junto a Victoriano Cerda a Asunción alguna vez para celebrar el cumpleaños de Marques. Entonces ¿Quién es dueño de La Serena? ¿Felicevich? ¿Pesce? ¿Victoriano?
Paremos la chacota que el fútbol chileno no da para más. El manoseo es con saña y burla, como si manejar un club de fútbol fuera un minimarket o una tienda de carcasas de celulares al que se le puede subir y bajar la cortina a gusto.
La semana pasada en la comisión de constitución del Senado se aprobó una indicación en la nueva ley de Sociedades Anónimas Deportivas que tipifica como delito "El que, a sabiendas y con el objeto de eludir o incumplir cualquiera de las prohibiciones establecidas por este artículo (21º), destruyere, ocultare información o entregare información falsa" sobre la propiedad o el control de los clubes.
Esto debe tener a varios bien complicados, porque, es su actuar descarado e imprudente, casos Regis Marques o Michael Clark, terminan dejando huellas por todos lados. Pues bien, ahora el delito de ocultar los dueños reales de los clubes se castiga, según el Código Penal, con "la pena es presidio menor en su grado máximo y multa de 16 a 20 UTM, o solo la pena de presidio".
No sería malo ver a uno de estos saltimbanquis alguna vez, aunque sea por 24 horas, a la sombra. Hoy, la nula seriedad del fútbol chileno se pasó de rosca y la impunidad termina siendo una fiesta.
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