Las palabras son una herramienta compleja. Muchas veces la cabeza funciona más rápido que la lengua y cuando hay una emoción extrema suele ocurrir que se dicen mal las cosas y se termina insultando de pura torpeza. En el último tiempo el periodismo partidario ha priorizado los “sentimientos que no pueden parar” antes de cualquier análisis crítico o el ejercicio básico del oficio. Se trabaja colgado de la reja para solaz de los mandriles siempre sedientos de “emociones”. Ayer, una vez consumado el opaco empate de Universidad de Chile con Universidad de Concepción, el reportero de Radio Futuro Leo Mora lanzó un largo exordio sobre la hipotética renuncia de Francisco Meneghini a la U, pero su primera frase no tiene desperdicio “¿No sientes vergüenza?”
Suponemos que si en la mesa hubiera estado Marco Antonio Figueroa, Ivo Basay o el mismo Claudio Borghi que trabaja con Mora en Futuro la pregunta iba en un tono más bajo. Pero estaba Paqui. Y en el piso. Y lo que está en el piso se pisotea. Si rumbo al vestuario, insultado por lado y lado por los hinchas y mal respaldado por un equipo ceniciento y aburrido, Meneghini se dio cuenta que estaba más solo que nunca, con la pregunta de apertura en la conferencia de prensa ya no hubo necesidad de pruebas. Ni las formalidades mínimas quedaban para él. Entonces, en conjunto con los dirigentes, Paqui dio el paso al costado.
Faltan los detalles contables. Porque se decidió que no continúe, pero las platas no han sido definidas y todavía no hay papel firmado. En lo concreto Paqui todavía es entrenador de Universidad de Chile. Pero espiritualmente el asunto está concluido. Le preguntan si siente vergüenza como si fuera un delincuente o estafador. El poncho le quedó grande o no se dieron las cosas, apelando al lugar común. Lo intentó, no le resultó, se va. Ya tuvo suficiente.