Brasil confirmó este lunes la convocatoria de Neymar para el Mundial 2026 y la noticia remeció al fútbol sudamericano. No porque el atacante del Santos haya dejado de ser una leyenda de la Canarinha, sino porque su nominación parece responder más al peso de su nombre y su historia que al rendimiento competitivo que hoy muestran otros brasileños en Europa.
El delantero de 34 años regresó esta temporada al Santos y en 2026 suma 15 partidos, 6 goles y 4 asistencias entre Brasileirao, Copa de Brasil y Copa Sudamericana. Números correctos para un futbolista que viene saliendo de una larga pesadilla física, pero que inevitablemente quedan bajo la lupa cuando se comparan con otros atacantes brasileños que quedaron fuera de la lista.
Uno de los casos más comentados es el de Joao Pedro. El delantero del Chelsea cerró la temporada 2025/26 con 20 goles y 6 asistencias en 49 partidos, incluyendo 15 tantos en la Premier League y participación constante en Champions League. Además, venía de integrar el plantel campeón del mundo con el club inglés un año atrás, compitiendo semana a semana en el máximo nivel del fútbol europeo.
La ausencia de Antony también generó ruido en Brasil. El atacante recuperó protagonismo en el Betis tras años irregulares en Manchester United y terminó la temporada con 14 goles y 10 asistencias en 45 partidos. En Europa League fue determinante, aportando 6 goles y 3 asistencias en 10 encuentros, consolidándose como uno de los hombres más desequilibrantes del equipo español.
Por eso la decisión de Ancelotti parece responder a otra lógica. El técnico italiano apostó por experiencia, liderazgo y peso específico en escenarios grandes. Neymar sigue siendo el máximo goleador histórico de Brasil y probablemente el último gran símbolo de una generación que convivió con la presión permanente de devolverle una Copa del Mundo al país más campeón de la historia.
Sin embargo, la sensación de “homenaje” inevitablemente aparece. Porque mientras Joao Pedro y Antony llegan desde la élite europea y en plenitud competitiva, Neymar arriba al Mundial tras años marcados por lesiones, inactividad y dudas físicas. La apuesta de Ancelotti es clara: confiar en que el talento y la jerarquía histórica del “10” todavía puedan marcar diferencias en partidos decisivos.
Ahora la presión será total. Porque si Brasil fracasa en el Mundial, la discusión sobre los nombres que quedaron fuera perseguirá durante años esta convocatoria. Y Neymar, más que nunca, llegará a la Copa del Mundo con la obligación de demostrar que no fue elegido únicamente para escribir un último capítulo romántico con la camiseta amarilla.