Natalia Duco fue oficializada por José Antonio Kast como la nueva Ministra del Deporte, concretando uno de los nombramientos más comentados del gabinete. La exlanzadora de bala —campeona mundial junior en 2008, doble finalista olímpica en Londres 2012 y Río 2016, y cuatro veces campeona de los Juegos Suramericanos— asume una cartera con fuerte exposición pública tras una visita recurrente a La Moneda chica, en calle Teatinos, epicentro del armado político del nuevo gobierno.
Su trayectoria en el alto rendimiento consolidó a Duco como una de las atletas más destacadas del país en las últimas décadas, con participaciones olímpicas, títulos internacionales y el récord nacional en lanzamiento de bala. Ese bagaje fue parte de los argumentos que circularon para su nombramiento, en un contexto donde el deporte chileno busca mayor visibilidad y liderazgo desde la esfera estatal. Además es titulada de Psicóloga en la Universidad Gabriela Mistral.
Sin embargo, su figura también está marcada por un episodio que sigue generando controversia en la esfera deportiva: una sanción de tres años por dopaje, tras dar positivo en 2018 por GHRP-6, un péptido prohibido que estimula la liberación de la hormona de crecimiento y que fue detectado en un control antidopaje previo a una competencia internacional. Duco cumplió la suspensión y regresó a la competencia, pero el antecedente continúa siendo motivo de debate sobre su idoneidad para liderar una cartera pública vinculada a la ética deportiva.
En torno a su nombramiento, las reacciones en distintos sectores han sido mixtas: mientras algunos ponderan su experiencia y reconocimiento público como herramientas para revitalizar políticas deportivas, otros plantean dudas sobre el mensaje institucional que se envía al poner al frente de la cartera a una figura con un antecedente penalizado por la Agencia Mundial Antidopaje.