A 38 años del histórico cuarto lugar en el Mundial Sub 20 de 1987, voces como Luis Musrri, Camilo Pino y Guillermo Velasco entregan su mirada sobre la Roja juvenil que inicia un nuevo desafío. Entre críticas a la falta de evolución y elogios a la conducción de Nicolás Córdova, los referentes coinciden: la exigencia es llegar, al menos, al mismo sitial.

Hace 38 años Chile se alistaba para vivir una fiesta del fútbol, como la que comenzará hoy. Era el Mundial Sub 20 de 1987. Eran otros tiempos y circunstancias, pero se respiraba la misma pasión por ganar. Aquellos jóvenes hoy ya peinan canas y cargan con experiencia, lo que los convierte en voces autorizadas para opinar sobre la cita que arranca este fin de semana.
Guillermo Velasco, Luka Tudor, Fabián Estay, Sandro Navarrete, Camilo Pino, Luis Musrri, entre otros, dieron todo para obtener un histórico cuarto lugar. Para el volante Camilo Pino, radicado hace años en el norte, este torneo es la oportunidad para que Chile salga del estancamiento de los últimos tiempos, acentuado tras el fracaso de la Roja adulta en las eliminatorias.
Luis Musrri, uno de los más jóvenes del plantel del 87 pero con gran presencia en cancha, fue crítico: sostuvo que otros países han evolucionado mucho más que Chile en materia de competitividad juvenil. “Si bien no hay europeos en el grupo actual, Egipto no es el Togo que enfrentamos, y Japón ha crecido mucho también en comparación con la Australia del 87”, señaló. Además, cuestionó la conducción de Nicolás Córdova, comparándola con la de Luis Ibarra, técnico que lideró a la escuadra hasta ese cuarto lugar.
Desde el Valle de Elqui, el ex portero Guillermo Velasco, hoy seguidor cercano del fútbol de ascenso, también entregó su visión. “A Córdova lo veo preparado y tomando decisiones correctas, como lo que hizo con el chico Pizarro de excluirlo. A la Selección nunca se le dice que no”, apuntó. Sin embargo, fue claro al subrayar que la Roja juvenil debe tener como meta alcanzar, al menos, la misma posición que ellos lograron.
Es la mirada de aquellos que hace 38 años pusieron a Chile en la élite juvenil del planeta. Un desafío tejido en silencio, con entrega notable en cada partido, y que hoy, casi cuatro décadas después, busca repetirse en el Estadio Nacional.