Con sufrimiento, pero con efectividad. México derrotó 1-0 a Corea del Sur en Guadalajara, llegó a seis puntos y aseguró matemáticamente su clasificación a la siguiente ronda del Mundial 2026, cuando aún le resta disputar un partido en la fase de grupos.

El ambiente en el Estadio Akron fue el de una verdadera final. Después del triunfo sobre Sudáfrica en el estreno, los dirigidos por Javier Aguirre sabían que una nueva victoria los dejaría prácticamente instalados entre los 32 mejores equipos del torneo. Al frente estaba una Corea del Sur que también había comenzado con el pie derecho tras remontar ante República Checa y que llegaba liderada por la experiencia y calidad de Son Heung-min.
México asumió desde el inicio la responsabilidad del partido. Empujado por una multitud que prácticamente convirtió el recinto en una fiesta nacional, monopolizó la posesión de balón durante gran parte de la primera mitad. Sin embargo, la superioridad territorial no se tradujo en ocasiones claras. Los aztecas movían la pelota con paciencia, pero encontraban dificultades para romper la sólida estructura defensiva planteada por los asiáticos.
La primera gran advertencia llegó a los 20 minutos. Roberto Alvarado desbordó y colocó un centro preciso para Julián Quiñones, cuyo cabezazo obligó a una gran intervención del portero Kim Seung-Gyu. Fue una de las pocas ocasiones de peligro real de un primer tiempo marcado por el equilibrio y las precauciones.
Corea, por su parte, apostó por una estrategia más directa. Cada recuperación buscaba rápidamente la velocidad de Son Heung-min, quien tuvo la acción más peligrosa de la etapa inicial. El delantero quedó en posición favorable, superó al portero con una vaselina y parecía tener el gol servido, pero apareció Edson Álvarez con una salvada espectacular sobre la línea para evitar la apertura de la cuenta. Una jugada que terminaría siendo determinante para el desarrollo posterior del compromiso.
Con el empate sin goles al descanso, el partido parecía encaminado a resolverse por detalles. Y precisamente un detalle terminó marcando la diferencia. Apenas comenzado el segundo tiempo, Kim Seung-Gyu protagonizó un error inesperado. El guardameta surcoreano salió a controlar un balón aparentemente sencillo, pero se le escapó de las manos. Luis Romo estuvo atento, aprovechó el regalo y definió para establecer el 1-0 que terminaría siendo definitivo.
El gol cambió completamente el escenario. Corea se vio obligada a adelantar líneas y asumir riesgos, mientras México encontró más espacios para atacar. Los ingresos de Hwang Hee-chan y Cho Gue-sung buscaron darle mayor profundidad al conjunto asiático, pero la zaga mexicana respondió con firmeza cada vez que fue exigida.
Incluso, el marcador pudo ser más amplio. Raúl Jiménez tuvo una ocasión clarísima tras un centro de Quiñones, pero volvió a encontrarse con una buena respuesta del arquero coreano. Más tarde, Obed Vargas probó desde media distancia y obligó a otra gran intervención de Kim, que intentó redimirse de su grave equivocación en el gol mexicano.
Aunque Corea terminó registrando una mayor posesión de balón, nunca logró transformar ese dominio estadístico en ocasiones realmente claras. México se sintió cómodo defendiendo la ventaja, administró los tiempos del partido y cerró una victoria tan trabajada como valiosa. Las cifras reflejaron un encuentro muy parejo, pero también mostraron a un equipo mexicano más efectivo en los momentos decisivos.
El resultado tiene un enorme valor para el anfitrión. Con seis puntos de seis posibles, México aseguró su clasificación a la siguiente ronda y llegará a la última fecha frente a República Checa con la tranquilidad del deber cumplido y con la posibilidad concreta de quedarse con el primer lugar del Grupo A. Mientras otras selecciones favoritas han sufrido más de la cuenta en sus primeros compromisos, el Tri ha conseguido algo fundamental en los Mundiales: ganar sin necesidad de jugar siempre bien.
La ilusión mexicana sigue creciendo. En un país que sueña con realizar la mejor Copa del Mundo de su historia, el equipo de Javier Aguirre ya dio el primer paso importante: instalarse entre los clasificados y confirmar que, al menos en esta fase inicial, sabe competir bajo la enorme presión de jugar un Mundial en casa.