La Universidad de Chile llega a una nueva encrucijada. No es campeona del torneo nacional desde 2017 y, aunque la temporada no parte con un mata-mata, marzo marcará el primer gran examen: un partido único ante Palestino que define el acceso a la fase de grupos de la Copa Sudamericana y, con ello, la presencia internacional durante todo el año. Ese contexto obliga a mirar con lupa el currículum del próximo entrenador.
Francisco Meneghini acumula más de 200 partidos oficiales como DT en su carrera. Su recorrido muestra regularidad, pero también límites claros cuando se observa club por club. En Unión La Calera, su primer ciclo cerró con 32 partidos y 51% de rendimiento, mientras que en su segundo paso por el mismo club alcanzó 23 partidos y 49%. En Audax Italiano dirigió 25 encuentros, con un 41%, su registro más bajo en el fútbol chileno.
El ciclo más extenso de Meneghini fue en Everton de Viña del Mar: 78 partidos, con un 47% de rendimiento, suficiente para sostener procesos, pero sin dar un salto competitivo decisivo. En su única experiencia en el extranjero, Defensa y Justicia, el registro fue breve y contundente: 10 partidos dirigidos y apenas 23% de rendimiento, el punto más débil de su carrera.
Su mejor versión aparece en O’Higgins. Allí dirigió 36 partidos, sumó 62 puntos, alcanzó un PPP de 1,72 y un 57% de rendimiento, el más alto de todo su recorrido profesional. Es el argumento central a favor de su candidatura: crecimiento sostenido y capacidad para maximizar recursos en un club de presión media.
El problema surge al aislar la experiencia internacional, clave para el desafío inmediato de la U. En Copa Libertadores, Meneghini dirigió 4 partidos, con 1 victoria y 3 derrotas, sumando 3 puntos de 12 posibles, lo que se traduce en un 25% de rendimiento. Eliminación temprana y margen de error mínimo.
En Copa Sudamericana los números mejoran, pero sin transformarse en un respaldo contundente para escenarios límite. En total, registra 16 partidos, con 6 triunfos, 4 empates y 6 derrotas, 22 puntos sobre 48 posibles y un 46% de rendimiento. Es un balance competitivo, superior al de Libertadores, pero lejos de un perfil dominante en torneos internacionales.
Ese es el núcleo del debate. Meneghini muestra progresión, pero no antecedentes de impacto inmediato en clubes grandes ni en instancias decisivas. Su carrera está marcada por procesos largos y rendimientos medios-altos, no por golpes de autoridad en contextos de máxima presión.
En paralelo, el nombre del portugués Renato Paiva aparece como contrapeso: un entrenador con menos recorrido en Chile, pero con mayor volumen de competencia internacional y manejo de contextos exigentes, un atributo que hoy pesa tanto como la pizarra.
Los números no condenan a Meneghini, pero sí delimitan el riesgo. Su mejor rendimiento está en clubes sin urgencia de título y su experiencia internacional, aunque real, no muestra solidez en partidos de eliminación o margen cero. Para una Universidad de Chile que lleva nueve años sin campeonar y que en marzo se juega su año en un solo partido, la estadística es clara: no es una apuesta segura, es una apuesta arriesgada. Y la U ya no tiene demasiado espacio para volver a fallar.