Hay polémicas futboleras, hay calenturas después de una eliminación y hay discusiones que pueden entenderse dentro de la pasión de un Mundial. Lo de la senadora paraguaya Celeste Amarilla no entra en ninguna de esas categorías. Es racismo. Explícito, brutal y escrito sin el menor pudor por una representante de la República del Paraguay.
“Bruto no aprendió ni a escribir, en vez de leche materna chupaba cocos y lo más instruido que escuchó eran chimpancés”, escribió Amarilla contra Kylian Mbappé. No fue un exabrupto pronunciado en medio de una discusión ni una frase sacada de contexto. Fue una publicación deliberada en redes sociales y la segunda de una secuencia de ataques contra el capitán francés.
Antes ya lo había llamado “camerunés colonizado”, acusándolo de “fingir ser francés”, además de calificarlo de “resentido, rico nuevo, prepotente y feo”. Incluso lamentó que los futbolistas paraguayos no le hubieran dado “una bofetada de mano abierta” después del partido. Una colección de expresiones racistas y violentas absolutamente indefendibles.
Todo nació después del triunfo 1-0 de Francia sobre Paraguay. Mbappé no saludó a Orlando Gill tras el pitazo final y el arquero guaraní aseguró posteriormente que el delantero “se agrandó”. Una actitud discutible del francés, por supuesto. Se puede criticar, cuestionar y condenar deportivamente. Pero absolutamente nada de aquello habilita a comparar a una persona negra con chimpancés, hablar de “chupar cocos” o negar su identidad francesa por su origen familiar.
Mbappé decidió responder. Y lo hizo sin esconder su indignación.
“Señora Celeste Amarilla, usted es una mujer despreciable e indigna de su cargo. Usted no representa a Paraguay, ese país que ha sudado pasión y honor durante toda la competición”, escribió el capitán de Francia.
El delantero fue todavía más duro: “Por su inconsciencia y su racismo descarado, el mundo entero ya ha olvidado el recorrido y el esfuerzo histórico que sus jugadores realizaron durante este Mundial, dando paso a una mujer incompetente que ofrece la peor imagen posible de su país”. Y cerró: “Nunca permitiré que personas como ella tengan la libertad de propagar su odio y su racismo por el mundo”.
Mbappé puede caer bien o mal. Puede ser arrogante, puede no saludar a un rival y sus declaraciones sobre el juego paraguayo pueden discutirse durante semanas. Pero su color de piel, su ascendencia o su condición de francés no están en debate.
Lo de Celeste Amarilla es una vergüenza que supera al fútbol y ensucia el histórico Mundial de una selección paraguaya que dejó todo en la cancha. Una senadora convirtió una eliminación deportiva en un escándalo internacional de racismo.