Con un Zabiri espectacular y un Maamma imparable los africanos se coronaron ante una Argentina desbordada. Fiesta total en el Nacional.

No eran los favoritos de nadie para imponerse a la todapoderosa selección argentina, pero el fútbol es así. 45 minutos brillantes de Yassir Zabiri y una velocidad descomunal de Othmane Maamma bastó para que Marruecos levante su primer mundial de fútbol y se llevara puesto a los trasandinos. Sin tener la pelota la mayor parte del tiempo y sin generarse tantas opciones de riesgo, los africanos fueron un equipo contundente, con un plan ejecutado a la perfección.
El primer tiempo arrancó con el dominio marroquí desde lo táctico. El partido se jugaba como ellos querían con los mencionados punteros listos y dispuestos para picar al vacío y complicar a los sobrepasados laterales argentinos. Antes de los 10 minutos la albiceleste pudo quedarse con un jugador menos por una posible mano de su arquero Barbi, pero el juez le perdonó la vida. El que no tuvo compasión fue Zabiri que a los 12' con un zurdazo hermoso clavó un tiro libre en el ángulo.
Con la ventaja en el marcador todo cambió. Espacios amplios con espacios para la potencia marroquí con su mejor referente. Maamma fue un dolor de cabeza permanente y una corrida suya a los 29' terminó en un centro preciso para que Zabiri anotara el doblete. Ahí apareció el descontrol argentino, sobrepasado por algunas pifiaderas y por la deseperación de estar abajo desde temprano.
El segundo tiempo estuvo de más. No hubo forma de romper el cerrojo de una Marruecos extremadamente sólida. Con el mismo manual que llegó a Chile consiguió ganar una Copa increíble: derrotó a España, Brasil, eliminó a Francia y se impuso en la final a Argentina. Un camino perfecto para celebrar su primera corona planetaria en cualquier categoría. Una potencia en construcción que escribió su primera página dorada en el Estadio Nacional.