Universidad de Chile sigue moviendo fichas para la temporada 2026 y uno de los nombres que ya quedó sobre la mesa es el de Lucas Romero. Volante paraguayo, 23 años, 1,89 de estatura y perfil físico, su llegada fue confirmada antes de tiempo por Recoleta, club donde terminó de explotar futbolísticamente. Un anuncio prematuro que desnudó no solo la operación, sino también el interés real de la U por sumar músculo, presencia aérea y orden en un mediocampo que hace rato viene pidiendo refuerzos estructurales.
Romero se formó en Libertad, uno de los grandes semilleros del fútbol paraguayo, pero su debut profesional se dio en Tacuary, donde comenzó a ganar continuidad durante 2023. Allí se consolidó como volante central de corte mixto, con fuerte capacidad de recuperación, despliegue largo y una lectura táctica que le permite jugar tanto como cinco posicional como interior de apoyo. No es un jugador de lujos, pero sí de recorrido constante, fricción y simpleza.
El salto definitivo lo dio en Recoleta, club donde asumió un rol más protagónico y donde su rendimiento lo puso en el radar de equipos del extranjero. Ahí terminó de desarrollar su principal atributo: el dominio del espacio. Romero es un futbolista que cubre metros, que gana duelos aéreos y que se impone en los choques. Su estampa no es casualidad: está hecho para un fútbol físico, de ritmo alto y con exigencias defensivas permanentes.
Ese perfil es justamente lo que la U viene buscando. Durante los últimos años, el equipo ha tenido dificultades para sostener la mitad de la cancha cuando pierde la pelota, y ha dependido excesivamente del orden que pueda ofrecer Marcelo Díaz. La llegada de Romero no apunta a reemplazarlo, sino a complementarlo: darle un socio que corra, presione, quite y libere a otros volantes para tareas más creativas.
El anuncio anticipado por Recoleta no pasó inadvertido en el entorno azul. Expuso que la operación estaba cerrada y que solo faltaban formalidades, pero también dejó en evidencia la ansiedad que genera el mercado de fichajes en un club que viene de temporadas inestables y con planificación errática. En ese contexto, Romero aparece como una apuesta distinta: no es un nombre rimbombante, no viene con cartel mediático, pero sí con una lógica deportiva clara.
Además, su reciente citación a la selección paraguaya adulta terminó de validar su proyección. No es común que un jugador de su edad y sin pasos por ligas mayores reciba ese llamado. En la U lo leen como una señal: Romero está creciendo, tiene margen de evolución y, si se consolida, puede transformarse en un activo deportivo y económico.
Su arribo también podría generar movimientos internos. La U tiene sobrepoblación de mediocampistas y varios extranjeros fuera del radar de Francisco Meneghini. La llegada de un volante joven, físico y con proyección obliga a redefinir roles y a acelerar salidas. Un perfil combativo que espera tapar un hoyo que la U no consiguió tapar en 2025.