Universidad de Chile sigue en modo ensayo y error. A días del duelo ante Deportes Limache, Francisco Meneghini prepara dos nuevos cambios en su formación titular, insistiendo en una dinámica que ya no pasa por la sorpresa táctica, sino por la intranquilidad de no encontrar respuestas.
Las variantes de Felipe Salomoni (vuelve tras la suspensión) y Javier Altamirano, ausente desde el arranque ante Palestino, se suman a una larga lista de ajustes que el técnico ha realizado en apenas tres fechas. No se trata de una corrección puntual, sino de una búsqueda constante que evidencia que el equipo aún no logra asentarse.
Porque el problema de fondo no es cambiar, sino la frecuencia y el contexto en que se hace. Con solo dos puntos de nueve posibles, la U no solo no gana, sino que tampoco repite una estructura clara. Meneghini ha probado nombres, posiciones y matices dentro de su esquema, pero sin lograr consolidar una base que le dé estabilidad al equipo.
Ahí es donde aparece la señal más preocupante: la sensación de intranquilidad. Cada partido parece abrir nuevas dudas, y cada duda deriva en nuevas modificaciones. Un círculo que impide construir automatismos, algo clave en equipos que necesitan competir desde la solidez más que desde la inspiración.
El plantel, en gran parte, es el mismo que venía compitiendo la temporada pasada. Por eso, el foco inevitablemente se traslada a la conducción. No porque falte trabajo, sino porque ese trabajo aún no logra traducirse en una idea reconocible dentro de la cancha.
Con Limache —líder del campeonato— en el horizonte inmediato, la U enfrentará algo más que un rival en racha: se medirá ante un equipo que tiene claro a qué juega. Y en ese contraste, cada cambio de Meneghini deja de ser una opción táctica y pasa a ser un reflejo de la inquietud que domina su inicio de ciclo.