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Por La Hora de King Kong · 1 min
Los clubes que manejan representantes y son apenas un escaparate para mostrar jugadores o un sumidero de descartes. Da pena ver cómo vegetan en la tabla La Serena, Everton, Ñublense, Unión Calera y Audax.

Sorprendió en un momento que Audax Italiano estuviera peleando en la parte alta de la tabla e incluso fuera candidato al título. Pero el equipo itálico, hoy en manos de los empresarios argentinos Gonzalo Cilley y Fernando Felicevich, rápidamente volvió a su normalidad: jugar de manera irregular, sin ambición y quemando fechas. Hoy los verdes están séptimos, al borde de perder la posibilidad de jugar la Sudamericana el 2026.
Lo de Audax es la norma en los llamados "equipos zombis", esos que son manejados por representantes, con muchos jugadores de paso, donde el objetivo nunca es deportivo, sino la venta inmediata de cualquiera que destaque. Este año el caso más dramático ha sido Everton. Con su directiva en México, el cuadro viñamarino tiene la cuarta plantilla más cara del fútbol chileno después de Colo Colo, Universidad de Chile y Universidad Católica, pero es no es garantía de buen rendimiento. Sin apuntar a nada específico, sin conducción, el rejunte de buenos jugadores ruleteros ha sido campo de experimentación de cualquier entrenador que el Grupo Pachuca necesite mover. El ineficaz Mauricio Larriera fue el último, pero antes de él dirigió Esteban Solari, cuya única experiencia era el fútbol malayo. Así les va, hoy pelean el descenso pese a los millones gastados.
La Serena es otro caso de estudio. El "aguantadero" de la empresa Vibra, a la Cuarta Región van a caer todos los jugadores de Felicevich que no encuentran club. En la banca el circo es permanente, entra y sale gente, sin que quede muy claro qué prentenden los dirigentes. El último es el pintoresco Mario Sciacqua, quien recibió al club destruido futbolísticamente de Francisco Bozán, quién heredó un rendimiento espantoso de Cristián Paulucci, quien, a su vez, sacó de la banca a Erwin Durán sin motivos claros. Zafando del descenso en los últimos dos partidos, La Serena es un claro ejemplo de la zombificación del fútbol chileno: un escaparate donde el único objetivo es no descender ni meter ruido.
En Chillán quieren matar a los dirigentes de Ñublense por lo mediocre y poco ambicioso que ha sido el 2025. Jugar copas internacionales sale caro y puede ser contraproducente. Mejor navegar por ahí, tranqui, y que el equipo del empresario Sergio Gioino se mantenga discreto. En la segunda rueda del 2025 se fueron tres jugadores y no llegó ninguno ¿Para qué? Si las campañas de Unión e Iquique eran tan malas que la posbilidad de descender estaba muy lejana. El 10ª lugar está perfecto ¿Para qué más? Los chillanejos han mejorado tres lugares en la tabla en en veinticinco fechas. Lo que se llama anidar.
Lo Unión Calera no es mejor. Desde que Bragarnik dejó de ser socio de los hermanos Pini, ya no llegaron más jugadores de calidad por seis meses. Antes, al menos, daba para jugar un semestre bueno antes de desmantelar el plantel. Aunque algunas veces Braga se fue al chancho, como hace dos temporadas, cuando trajo demasiados veteranos con gran cartel, pero ninguna gana de jugar en el sintético del Nicolás Chahuán. Este año Calera debe ser el equipo más opaco del campeonato. Candidato a nada, los cementeros llevan quince fechas entre el 9º y el 11º puesto en la tabla. Una siesta.
¿Y el OHiggins de Bragarnik tercero en la tabla y aspirando al Chile 2? El equipo lo armó Ricardo Abumohor y el empresario argentino lo tomó ya funcionando. Veremos para dónde apuntan los dardos y cuál será la política deportiva y los objetivos el 2026. Por el momento ya suena Darío Benedetto como refuerzo. El delantero no ha marcado ningún gol en los últimos tres equipos en que jugó (Querétaro, Olimpia y Newells) y le rescindieron contrato en el cuadro rosarino el pasado 28 de octubre. Más zombi no se encuentra.
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