Fútbol InterCamiseta de Tim Payne es éxito en una subasta en Paraguay
La tricota del seleccionado neozelandés batió un récord tras su debut por Olimpia en el torneo paraguayo y se vendió en varios millones de pesos
Por Rodrigo Vargas Olguín · 1 min
El cuadro argentino puso a la venta las luminarias que databan del Mundial 1978 y los hinchas se las arrebataron en pocos minutos. Un cuento de Fontanarrosa.

Dicen que Rosario es la ciudad del Mundo con más fanatismo por el fútbol. Cuando Bielsa dirigía la selección argentina se le escapó que prefería ganarle un clásico a Central con Newells que un partido a la selección brasileña en la banca albiceleste. Ardió Troya. Como ese ejemplo hay muchos. La última historia con el fanatismo rosarino es la venta que hizo el cuadro "Canalla" de las antiguas luminarias del estadio Gigante de Arroyito. Éstas databan de 1978, cuando el recinto fue remodelado para el Mundial del Fútbol y se instaló iluminación de última generación pues había transmisión en colores. Fue la primera en este país. En 48 años habían recibido mantenimiento y el reemplazo de algunos focos, pero en general estaban tal cual como la noche en que Argentina goleó 6-0 a Perú y accedió a la final del torneo.
Finalmente llegó el momento de la remodelación del Gigante de Arroyito y, junto con la construcción de una tercera bandeja, el club puso a la venta sus viejos focos. "Hubo una época en la que estas luces encendieron noches eternas. Iluminaron goles, abrazos, lágrimas e historias. Fueron testigos del Mundial 1978, de gestas imposibles y de miles de canallas alentando incansablemente. Hoy, el Gigante de Arroyito da un paso hacia el futuro y renueva su sistema de iluminación con tecnología LED", decía el anuncio oficial..
El tema es que en tres horas los hinchas agotaron los focos, que valían apenas mil pesos argentinos la unidad, llevándoselos de cualquier manera. Incluso en bicicleta. Eran un máximo de dos por persona. No duraron nada. Estas luminarias son a base mercurio y gastan cantidades industriales de electricidad, además se calientan muchísimo, por lo que sería una locura conectarlas a una red domiciliaria sin provocar un salto de tapones o incendio. Roberto Fontanarrosa desde el más allá debe estar craneando algún relato al respecto. La locura canalla es capaz de superar la ficción.
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